
Un avión de exploración P-3 Orión, un patrullero oceánico y una lancha de servicio general coordinaron un monitoreo exhaustivo a más de 400 millas de la costa. Las unidades navales detectaron una gigantesca flota en aguas internacionales y tres naves operando más cerca del continente.
La presencia naval chilena se hizo sentir mar adentro. Durante las jornadas del 27 y 28 de octubre, la Armada de Chile desplegó un operativo de alta complejidad que combinó medios aeromarítimos y de superficie para controlar el movimiento de una masiva flota extranjera.
El despliegue llegó hasta más de 400 millas de la costa, es decir, a unos 741 kilómetros mar adentro, ubicándose fuera de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) nacional. En ese sector opera habitualmente el grueso de las embarcaciones foráneas dedicadas a la extracción de recursos dentro del área de responsabilidad de búsqueda y salvamento que administra el país.
El detalle de la flota: 390 naves rumbo al Atlántico
El trabajo de rastreo estuvo a cargo de la tripulación de un avión de exploración aeromarítima P-3 Orión, unidad clave para cubrir grandes extensiones oceánicas en pocas horas.
El comandante de la aeronave, capitán de fragata Eduardo de la Cerda, detalló cómo operaron en altamar. «Pudimos verificar que se trata de 390 embarcaciones; también se observaron algunos mercantes en tránsito», explicó el oficial, añadiendo que la gran concentración de barcos —separados entre 2 y 5 millas náuticas— responde usualmente a desplazamientos coordinados en tránsito hacia el océano Atlántico.
Toda la información obtenida desde el aire no se queda en el papel. Los datos de posición, matrícula y rumbo detectados por el P-3 Orión se transmiten de inmediato al Patrullero de Zona Marítima OPV “Odger”, permitiendo que la unidad de superficie ejecute el control directo sobre los mercantes y pesqueros.


Tres barcos extranjeros fiscalizados a 100 millas de Iquique
Pero la operación no se limitó al horizonte lejano. Muy cerca del continente, a sólo 100 millas náuticas (unos 185 kilómetros) de Iquique, los radares y vigías encendieron las alertas tras detectar la presencia de tres naves extranjeras navegando dentro de la Zona Económica Exclusiva chilena.
De acuerdo con los registros, dos de los barcos portaban bandera internacional, mientras que un tercero operaba sin una identificación clara. Ante este escenario, la Cuarta Zona Naval movilizó rápidamente a la LSG “Iquique” para interceptar a las embarcaciones y fiscalizar su comportamiento en aguas nacionales.


El trabajo silencioso tras el registro de matrículas
Detrás de cada fiscalización en alta mar hay un meticuloso trabajo técnico y de análisis de datos. La Cabo 1° Yesenia Troncoso, comunicante en aviación encargada de procesar los antecedentes, explicó cómo opera el sistema de control.
«Recopilo los datos como matrícula, bandera, posición en la que está navegando y su puerto de destino, los cuales ya están previamente registrados en Grafimar», indicó la funcionaria, precisando que toda esa información fluye directamente hacia la Autoridad Marítima para comprobar si los capitanes cumplen estrictamente con la normativa declarada.
Resguardo soberano y protección de la vida en el mar
Este tipo de misiones de vigilancia permanente cumplen un rol estratégico para el país. La Armada mantiene un catastro actualizado que registra cuántas veces y en qué condiciones operan los buques extranjeros en la macrozona.
Estas acciones buscan proteger la soberanía del mar chileno, resguardar los intereses nacionales y velar por el cumplimiento de los tratados internacionales, reafirmando que la jurisdicción chilena en materia de rescate y control ambiental se extiende mucho más allá de la línea de la costa. Las operaciones se suman a despliegues similares realizados recientemente frente a Rapa Nui, donde los fiscalizadores navales controlaron a más de 70 naves extranjeras.





