
La arquitecta Leonor Bravo advierte sobre la desconexión entre el diseño estético y la realidad climática de la ciudad, señalando que el nuevo espacio público sufre de un exceso de radiación y falta de protección solar que impide su uso en horas críticas.
Lo que debió ser un pulmón de esparcimiento para el sector sur de Iquique, se ha transformado, para muchos, en una prueba de resistencia bajo el sol. La reconocida arquitecta local, Leonor Bravo, encendió el debate tras visitar la recientemente entregada Plaza Victorino Lastarria, revelando una realidad que los renders y las fotografías oficiales no mostraron: un espacio donde el calor y el rebote lumínico del pavimento dificultan la permanencia humana.
Cerca de las 14:30 horas —momento en que la radiación UV alcanza niveles críticos en la zona— la profesional constató en terreno lo que define como una falta de diseño pensado para el confort térmico de Iquique. Según Bravo, el espacio padece de un exceso de superficies que reflejan el calor y una carencia alarmante de sistemas de sombra que permitan habitar el lugar durante el día.
La brecha entre el render y la realidad
Uno de los puntos más críticos de la denuncia es la distancia entre la promesa arquitectónica y la experiencia del usuario. Si bien la plaza cuenta con vegetación recién plantada, la arquitecta advierte que un espacio público no puede quedar a la espera de que los árboles crezcan durante años para ser funcional.
«Todavía no existe un sistema de sombra, de permanencia y de confort pensado para Iquique. Un parque nuevo no debería esperar años para recién volverse habitable», sentenció Bravo, enfatizando que el diseño debe ofrecer soluciones inmediatas ante el clima árido.




El testimonio de los usuarios: «Se hace pesado»
La crítica técnica coincide con el malestar ciudadano. Durante su recorrido, Bravo conversó con vecinos como Nicolás, quien intentaba recrearse con sus hijos en el lugar. El diagnóstico de los usuarios fue unánime: faltan puntos de hidratación, falta mantención y, sobre todo, falta sombra.
La sensación de «pesadez» ambiental mencionada por los visitantes pone en duda la efectividad de las decisiones arquitectónicas. «Una plaza no se diseña solo para verse bien, se diseña para poder usarse», recordó la arquitecta, cuestionando los criterios de sus colegas que diseñan sin entender el tipo de clima de la Región de Tarapacá.
¿Se puede corregir?
Pese al panorama desalentador para los peatones, Bravo asegura que esto todavía tiene solución. El llamado es a las autoridades y proyectistas para implementar decisiones más inteligentes y urgentes:
- Instalación de sombreaderos estructurales mientras la vegetación alcanza su madurez.
- Mejorar los sistemas de riego y mantención para asegurar la supervivencia de las áreas verdes.
- Incorporar mobiliario urbano que no acumule calor y permita el descanso real.
El caso de la Plaza Victorino Lastarria reabre una herida histórica en el urbanismo iquiqueño: la dificultad de conciliar la estética con la habitabilidad en una ciudad que convive con el sol de forma permanente. ¿Por qué es tan difícil tener sombra en Iquique? es la pregunta que hoy queda instalada en el municipio y en la comunidad profesional.




