
Con patrullajes que cubrieron más de 150.000 millas náuticas, unidades aéreas y de superficie controlaron los movimientos de los barcos que extraen calamar rojo en el norte chileno. La operación conjunta detectó una segunda agrupación de naves navegando fuera de la Zona Económica Exclusiva.
El norte de nuestro país no solo se cuida en la tierra; el mar exterior también está bajo la lupa. La Armada de Chile concretó una masiva operación de fiscalización pesquera oceánica a la altura de Iquique, tras detectar la presencia de una numerosa flota pesquera extranjera dedicada a la extracción de calamar rojo.
Los barcos internacionales se encontraban realizando faenas de extracción al oeste de las costas chilenas, lo que activó de inmediato las alertas de los sistemas de monitoreo institucional para evitar cualquier tipo de incursión ilegal en las aguas nacionales.
La movida de piezas comenzó el pasado lunes 6 de julio. Desde la base aeronaval de Torquemada, ubicada en Concón, despegó el avión de exploración aeromarítima C295 con rumbo directo a la jurisdicción de la Cuarta Zona Naval. La aeronave sumó sus capacidades al trabajo en terreno que ya venían ejecutando el patrullero oceánico OPV “Odger” y el avión naval P-111, configurando un blindaje combinado por cielo y mar para vigilar la actividad extractiva en el área.
Ojos sobre el océano y una segunda flota al descubierto
El operativo, liderado de forma conjunta por el Comando de Operaciones Navales, la Dirección de Intereses Marítimos y Medio Ambiente Acuático (DIRINMAR) y la Cuarta Zona Naval, tenía una misión muy clara: constatar que las embarcaciones extranjeras se mantuvieran estrictamente fuera de la Zona Económica Exclusiva de Chile. Sin embargo, las tareas se realizaron dentro del área de responsabilidad internacional que los tratados vigentes le mandatan a nuestro país.
Durante el rastreo en el aire, las tripulaciones se encontraron con sorpresas. «Pudimos verificar el panorama coincidente con nuestra información, pero además identificamos a una segunda agrupación de embarcaciones realizando faenas pesqueras en el sector», detalló el Teniente 1° Javier Bermúdez, piloto del C295.
El trabajo milimétrico entre la dotación del avión y los observadores especializados de la DIRINMAR dio frutos rápidos en alta mar. Los equipos lograron detectar y registrar a las naves extranjeras operando entre las 300 y 400 millas náuticas fuera de la Zona Económica Exclusiva. En esos puestos de observación iba el Cabo 2° Cristian Villalón, quien explicó en pleno vuelo que la labor apunta directamente a fiscalizar naves mercantes y menores, contribuyendo a la preservación del medio ambiente acuático y al resguardo de los recursos naturales marinos.




Presencia activa en las fronteras marítimas
Para dimensionar la magnitud del despliegue en el norte grande, las unidades aéreas y de superficie exploraron más de 150.000 millas náuticas cuadradas durante las jornadas de patrullaje. Esta tremenda cobertura permite al Estado chileno marcar una presencia efectiva en los espacios marítimos asignados por los convenios internacionales, asegurando que la explotación de recursos no afecte los ecosistemas locales.
El Teniente 1° Stefan Thomson, comandante de la aeronave, apuntó al valor estratégico de estas misiones en alta mar, asegurando que la operación les permite mantener totalmente bajo control las actividades de las flotas internacionales. Además, la presencia activa demuestra la capacidad de respuesta de la institución en zonas extremas.
Esta tarea fiscalizadora no es un hecho aislado de la temporada: la Armada de Chile ejecuta estos operativos de forma permanente en las distintas Zonas Navales del país, asegurando que el control de los recursos marinos protegidos se mantenga firme durante todo el año.




