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«LA TIRANA ME CAMBIÓ LA VIDA»: EL ÚLTIMO JULIO DEL SUBOFICIAL MAYOR JUAN CARLOS CATALÁN REYES AL FRENTE DE LA SEGURIDAD DEL SANTUARIO

Después de 35 años de servicio en Carabineros de Chile, el Suboficial Mayor Juan Carlos Catalán Reyes vive una Fiesta de La Tirana distinta a todas las anteriores. Será la última vez que encabece el operativo de seguridad de la festividad religiosa más importante del Norte Grande antes de acogerse a retiro el próximo 1 de noviembre. Mientras coordina el trabajo policial y vela por la tranquilidad de cientos de miles de peregrinos, reconoce que este destino no solo marcó su carrera profesional, sino también su vida personal. «La Tirana me cambió la vida», resume con emoción.

Cada mes de julio, el pequeño poblado pampino se convierte en el epicentro de la fe del norte de Chile. Junto con la llegada de miles de peregrinos comienza uno de los mayores despliegues de Carabineros en la región. Desde 2019, esa responsabilidad ha recaído en Juan Carlos Catalán Reyes, quien llegó como segundo jefe del Retén de La Tirana y posteriormente asumió su mando. Hoy, mientras dirige por última vez este operativo, observa el Santuario con la satisfacción del deber cumplido y con la certeza de que este lugar terminó convirtiéndose en su hogar. «La Tirana me cambió la vida», afirma, reflejando el profundo vínculo que construyó con la comunidad.

UNA FIESTA QUE MULTIPLICA LA RESPONSABILIDAD

La Fiesta de La Tirana representa uno de los mayores desafíos operativos para la institución. Durante gran parte del año el retén funciona con una dotación cercana a 10 carabineros, pero en julio la realidad cambia completamente. «El retén sube de categoría», explica Catalán, permitiendo recibir entre 230 y 240 funcionarios provenientes de Arica, Alto Hospicio, Iquique, Antofagasta e incluso Santiago, quienes llegan para reforzar la seguridad de los peregrinos y vecinos durante la celebración mariana más importante del país.

Pero el trabajo de Carabineros no termina cuando concluye la fiesta. Durante el resto del año mantienen una permanente labor preventiva con la comunidad a través de grupos de WhatsApp y de la campaña «Duerme Tranquilo», destinada a proteger las viviendas que permanecen desocupadas durante largos períodos. «La gente cierra sus casas y no vuelve hasta la próxima temporada», comenta, explicando que siempre recomiendan dejarlas encargadas a familiares o vecinos para reducir el riesgo de robos.

UNIFORME, VOCACIÓN Y CERCANÍA

Para Juan Carlos Catalán Reyes, vestir el uniforme siempre significó mucho más que combatir la delincuencia. Durante su permanencia en La Tirana impulsó actividades con establecimientos educacionales, colaboró en reencuentros familiares, apoyó el rescate de animales y acompañó a numerosos adultos mayores, convencido de que el verdadero servicio policial también se construye desde la cercanía. «Carabineros no solamente se preocupa de la parte preventiva», sostiene, destacando que el compromiso con las personas también implica escuchar, orientar y tender una mano cuando más se necesita.

Ese vínculo quedó reflejado en la confianza que los vecinos depositaron en él durante estos años. Muchas personas llegaban hasta el retén buscando ayuda para resolver situaciones que incluso escapaban al ámbito policial. «Las puertas siempre estuvieron abiertas», recuerda, porque siempre creyó que un carabinero debe ser un apoyo permanente para la comunidad y que, muchas veces, una conversación puede ser tan importante como un procedimiento.

DEL MAULE A LA PAMPA

Nacido en Talca, desarrolló gran parte de su carrera en la zona central del país. Nunca imaginó que el Norte Grande terminaría convirtiéndose en el lugar donde echaría raíces. Adaptarse al clima del desierto fue un desafío, pero con el paso del tiempo encontró una comunidad que lo acogió con afecto. «Siempre estamos donde nos necesitan», dice al recordar el trabajo permanente junto a dirigentes sociales, clubes deportivos, la Iglesia, los medios de comunicación y las organizaciones del poblado.

Su familia también debió adaptarse a las exigencias de la vida institucional. Su esposa y sus dos hijos comprendieron desde pequeños que la vocación policial muchas veces implica sacrificar momentos importantes. «Cuando la gente está celebrando, nosotros estamos trabajando», relata, recordando cumpleaños, Navidad y Año Nuevo en los que debió vestir el uniforme mientras otros compartían junto a sus seres queridos. Aun así, asegura que siempre recibió el apoyo de su familia, entendiendo que servir a la comunidad era parte del compromiso que asumió al ingresar a Carabineros.

LA FE QUE MARCÓ SU CAMINO

Si hay algo que transformó profundamente su paso por La Tirana fue la cercanía con la Virgen del Carmen. Católico practicante, reconoce que trabajar junto al Santuario fortaleció aún más su fe y le permitió vivir experiencias que difícilmente olvidará.

Entre los recuerdos más significativos menciona el operativo que permitió trasladar la imagen de la Virgen del Carmen para realizar los estudios de conservación. «Fue una experiencia muy bonita», recuerda, porque tuvo la posibilidad de conocer más de cerca la historia de la Carmelita y colaborar en uno de los momentos más importantes para el Santuario, una experiencia que considera un verdadero privilegio para cualquier creyente.

A ello se suman otros hitos vividos durante este último año, como la entrega de la Bandera Nacional de Frontera durante la Misa de las Fuerzas Armadas y su participación en la ceremonia de la Cápsula del Tiempo. También destaca el reconocimiento obtenido por el Retén de La Tirana como una de las unidades más operativas del país. «Me voy reconfortado», afirma, convencido de haber cumplido con la misión que asumió cuando llegó a este destino y agradecido del equipo de carabineros que lo acompañó durante estos años.

EL RETIRO Y UNA NUEVA ETAPA

El próximo 1 de noviembre pondrá fin a una carrera de 35 años en Carabineros de Chile. Aunque todavía no tiene completamente definido qué hará después del retiro, sabe que primero quiere descansar junto a su familia y comenzar una nueva etapa con la tranquilidad de haber entregado toda una vida al servicio público.

Lo que sí tiene claro es que le gustaría permanecer en Tarapacá. «Es una tierra de trabajo y oportunidades», asegura, reconociendo que nunca imaginó encariñarse tanto con esta zona del país. Entre sonrisas agrega que «ahora veremos qué dice la Chinita y qué dice el destino», convencido de que la Virgen del Carmen seguirá guiando el camino que viene.

Antes de despedirse, deja un mensaje para la comunidad que lo acompañó durante estos años. Espera que quien asuma el mando continúe fortaleciendo la relación con los vecinos y que las personas sigan confiando en la institución. «Quiero que la gente siga confiando en sus carabineros», expresa, porque está convencido de que la seguridad se construye con cercanía, respeto y trabajo conjunto.

Cuando guarde definitivamente su uniforme, Juan Carlos Catalán Reyes dejará atrás una carrera marcada por la vocación, el compromiso y el servicio público. Sin embargo, su historia con La Tirana no terminará ese día. Entre la pampa, la fe, la Virgen del Carmen y el cariño de sus habitantes encontró un hogar que jamás imaginó tener. Por eso, al mirar hacia atrás, no duda en resumir estos años con una frase que refleja todo lo vivido y el profundo vínculo que construyó con este pueblo: «La Tirana me cambió la vida».

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