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EL PENTÁGONO PACTA CON EL «CEREBRO» DEL 11-S PARA EVITAR LA PENA DE MUERTE A CAMBIO DE CÁRCEL DE POR VIDA

Jalid Sheij Mohammed y dos de sus principales colaboradores se declararán culpables de conspiración para cerrar los procesos en la base militar de Guantánamo. La decisión busca eludir un juicio salpicado por las torturas secretas de la CIA y reabre las heridas de las familias de las víctimas.

Más de dos décadas de empantanamiento judicial en la base militar de Guantánamo llegaron a un punto de quiebre este miércoles. El Departamento de Defensa de Estados Unidos confirmó un acuerdo de culpabilidad con Jalid Sheij Mohammed, considerado el «cerebro» detrás de los atentados del 11 de septiembre de 2001. A cambio de declararse culpable de conspiración, el terrorista de origen pakistaní esquivará la pena de muerte y pasará el resto de sus días en cadena perpetua.

La medida no solo beneficia a Mohammed. Sus colaboradores directos Walid bin Attash y Mustafa al-Hawsawi también firmaron el convenio para eludir la inyección letal. El anuncio impactó de inmediato a las familias de las casi 3.000 víctimas de las Torres Gemelas y el Pentágono, dividiendo a quienes exigían la pena máxima contra los responsables y a quienes buscaban cerrar un litigio que parecía no tener fin.

La sombra de la CIA y el dilema de los tribunales militares

Detrás de este viraje judicial hay una razón de fondo que la justicia estadounidense no pudo resolver durante veinte años: las confesiones obtenidas bajo interrogatorios violentos. Mohammed pasó por cárceles secretas de la CIA antes de llegar a Cuba en 2006, donde fue sometido a metódicas torturas y ahogamientos simulados. Esos antecedentes amenazaban con viciar cualquier juicio oral, obligando a los fiscales a pactar para asegurar una condena definitiva sin espacio a apelaciones.

Ingeniero de formación y mano derecha de Osama bin Laden, Mohammed presumió durante años haber ideado el ataque contra Estados Unidos «de la A a la Z». Entre sus antecedentes figuran además el atentado al World Trade Center en 1993 y la decapitación del periodista Daniel Pearl en 2002. Bin Attash es acusado de entrenar a los secuestradores de los aviones, mientras que Hawsawi administró la financiación de la red terrorista Al Qaeda.

El nudo ciego de Guantánamo y la promesa incumplida

Con esta decisión, la administración estadounidense intenta desmontar los expedientes más complejos de la controvertida prisión de Guantánamo. La base naval llegó a albergar a más de 800 prisioneros en el punto más alto de la llamada «guerra contra el terrorismo», instalada estratégicamente fuera del territorio continental para limitar los derechos legales de los detenidos.

Aunque el compromiso del gobierno de Joe Biden ha sido desmantelar el penal, las complejas repatriaciones y los vacíos legales mantienen el recinto abierto. El acuerdo garantiza que Mohammed y sus cómplices morirán tras las rejas, pero deja un amargo sabor entre quienes esperaban ver a los arquitectos del 11-S enfrentando un veredicto definitivo en un estrado.

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