
Los mandatarios y expresidentes se vieron las caras en el Museo Histórico Nacional para conmemorar los 200 años de la Presidencia de la República. Dejando atrás las viejas rencillas de las campañas, el actual Jefe de Estado y su antecesor frenteamplista sellaron un potente mensaje de unidad que saca aplausos en medio de la polarización continental.
La historia de Chile tiene esas postales raras que terminan tapándole la boca a los más escépticos. En las dependencias del Museo Histórico Nacional —la mismísima primera sede del gobierno chileno— el Presidente José Antonio Kast encabezó el acto oficial por los dos siglos de la institución presidencial.
La gran sorpresa no fue el protocolo, sino los invitados de honor sentados en primera fila: los expresidentes Gabriel Boric y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, junto a Cecilia Morel y Miguel Aylwin. En un continente acostumbrado a que los políticos ni se saluden, la cita se convirtió en un verdadero bálsamo de madurez cívica.
El ambiente se prestaba para la conversación franca y directa entre caballeros de la política. El momento más comentado de la jornada ocurrió cuando el expresidente Gabriel Boric tomó el micrófono y miró directamente a Kast. Sin rodeos ni dobles discursos, el magallánico lanzó una frase que quedó flotando en el patio colonial: «Hemos sido rivales en ideas y seguramente lo seguiremos siendo, pero nos une Chile; nos une profundamente Chile». Acto seguido, Boric desclasificó un secreto de pasillo, confirmando que el pasado 11 de marzo, en pleno Cambio de Mando, le dejó una carta escrita a Kast asegurándole que, como exmandatario, estará disponible para lo que la República requiera.
El dardo internacional de Boric y el guante que recogió Kast
Boric aprovechó la tribuna para hacer un crudo diagnóstico de cómo se vive la política al otro lado de las fronteras, marcando una clara diferencia con lo que pasa en el territorio nacional. El frenteamplista lamentó que en el resto de la región y el mundo, quienes representan ideas opuestas muchas veces no pueden verse, no asisten a los traspasos de mando y ni siquiera reconocen el resultado de las elecciones cuando gana el bando contrario. Por lo mismo, valoró la invitación de la actual administración como un gesto con un peso político tremendo.
El Presidente José Antonio Kast no se quedó atrás y recogió el guante de inmediato durante su discurso de cierre. Lejos de polemizar, el líder republicano validó por completo las palabras de su antiguo adversario en las urnas. «Como usted lo señaló Presidente Boric, Chile es un ejemplo y se reconoce ese acto republicano de traspaso del mando; es algo que enorgullece», replicó Kast, añadiendo que en sus últimos viajes al extranjero los líderes internacionales siempre le destacan esa tremenda salud institucional que mantiene el país más allá de los colores de turno.
Lecciones morales de Frei y la infaltable anécdota de Sebastián Piñera
La ceremonia también tuvo espacio para la reflexión profunda de las canas de la Concertación. El expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle se subió al estrado con un tono pausado pero firme para marcar la cancha sobre lo que significa sentarse en el sillón de O’Higgins. Para Frei, el cargo no es un juego de popularidad, advirtiendo de forma categórica que «la presidencia es una investidura que debe ser ejercida con impecable integridad, pues el comportamiento de un Mandatario traza el estándar moral de toda una nación», exigiendo además una honestidad radical a los presentes.
Por la parte de las familias de los mandatarios fallecidos, Cecilia Morel se robó las sonrisas de la mañana al recordar la desbordante personalidad del expresidente Sebastián Piñera. La exprimera dama confesó con total espontaneidad que a su esposo no le gustaba nada más en el mundo que la historia. «Si le hubiera tocado hablar a él, no hubiera dejado hablar a nadie más, porque les hubiera contado la historia desde el primer día antes de que siquiera existiera Chile como nación», bromeó Morel, sacando carcajadas generalizadas en un salón repleto de historia, trajes formales y un innegable espíritu de tregua nacional.




