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NUEVA GENERACIÓN DE SOLDADOS COMPROMETE SU VIDA CON LA PATRIA EN EMOCIONANTE JURAMENTO A LA BANDERA EN IQUIQUE

Bajo la mirada de cientos de familiares y autoridades regionales en la Plaza Bernardo O’Higgins, más de un centenar de oficiales, suboficiales y jóvenes conscriptos de la VI División de Ejército sellaron su compromiso con el país. La ceremonia revivió la gesta heroica de los 77 héroes de La Concepción en pleno corazón de la capital de Tarapacá.

El imponente sol de la costa iquiqueña fue la ocasión perfecta para que la Plaza Bernardo O’Higgins se vistiera de gala esta mañana, para que dentro de un ambiente cargado de emoción, marchas militares y el aplauso cerrado de las familias nortinas, las unidades terrestres de la guarnición local protagonizaron el tradicional Juramento a la Bandera Año 2026.

La instancia evoca el histórico sacrificio de los 77 soldados chilenos caídos en el Combate de La Concepción entre el 9 y 10 de julio de 1882, transformándose en el hito más significativo de la carrera de cualquier militar en nuestro país.

La jornada arrancó temprano con los honores reglamentarios a las máximas autoridades que presidieron la ceremonia. El coronel Mario Ochoa Moya, director de la Escuela de Caballería Blindada, lideró al destacamento de honor que recibió al Comandante en Jefe de la VI División de Ejército, General de Brigada Javier Abarzúa Dassé. Posteriormente, la Delegada Presidencial Regional de Tarapacá, Adriana Tapia Cifuentes, pasó revista a las tropas antes del izamiento oficial de la gran estrella solitaria en el mástil de honor de la plaza pública.

La autoridad valoró el profundo espíritu cívico de la ceremonia, destacando con orgullo que este año juraron 101 personas originarias de la Región de Tarapacá, un hito que realza la vocación local y el compromiso de servir a la patria hasta rendir la vida si fuese necesario. Tapia calificó la instancia como un acto republicano fundamental que se renueva año a año, aplaudiendo el incansable trabajo que realiza el Ejército de Chile por el bienestar del país.

Por su parte, el Comandante en Jefe de la VI División de Ejército, General de Brigada Javier Abarzúa Dassé, detalló que las fuerzas totales del juramento sumaron 388 efectivos, de los cuales 274 corresponden a soldados conscriptos masculinos. El alto oficial explicó que el juramento tiene una tremenda significación espiritual que se expresa en el cumplimiento del deber diario y la abnegación. «Muchos de ellos van a volver a su vida civil, pero perfectamente pueden seguir honrando ese juramento a través del servicio y la solidaridad con los compatriotas en momentos de crisis», afirmó el General Abarzúa.

Un compromiso sellado ante la mirada de las familias tarapaqueñas

El momento más intenso de la mañana se vivió cuando el estandarte de combate se desplazó al centro de la explanada bajo los acordes de la marcha «Adiós al Séptimo de Línea». En su alocución oficial, el Comandante de la 2da Brigada Acorazada «Cazadores», General de Brigada Luis Ovando Alarcón, les recordó a los jóvenes el peso histórico del compromiso que estaban a punto de adquirir. Acto seguido, los sables y fusiles se elevaron al cielo para el juramento de rigor.

Un grupo selecto de once alféreces rompió filas para jurar individualmente a la cabeza de la formación. Entre ellos, los oficiales Lucas Chandía, Wilson Lara, Camila Fuentes, Jorge Muñoz y Bárbara Vargas encabezaron una lista de profesionales que prometieron servir fielmente a la patria hasta rendir la vida si fuese necesario. Segundos después, la plaza tronó con el «¡Sí, juro!» unísono de los suboficiales de las guarniciones de Iquique y Pozo Almonte, junto a los jóvenes soldados conscriptos de la Escuela de Caballería Blindada y las tres compañías de formación de la Brigada Cazadores.

Disciplina en el desfile y el esperado reencuentro familiar

Tras las descargas de reglamento y las respectivas bendiciones ecuménicas otorgadas por el pastor evangélico Adolfo Araus y el capellán católico René González, la unidad de formación tomó sus puestos para dar inicio al desfile de honor. La Banda de Guerra e Instrumental de la VI División, liderada por el tambor mayor Bastián Guajardo y el suboficial Yordan Ibaceta, impecable en su encajonamiento, marcó el enérgico paso de los escuadrones.

El paso de los soldados conscriptos de la Escuela de Caballería Blindada, seguidos de cerca por las secciones de la Segunda Brigada Acorazada Cazadores y el personal del Centro de Entrenamiento de Combatiente Acorazado (CECOMBAC), sacó aplausos espontáneos entre el público que repletó los perímetros de la plaza iquiqueña.

Al cierre del desfile, el coronel Mario Ochoa Moya dio la cuenta del término de la ceremonia a la delegada Adriana Tapia, liberando a los nuevos juramentados para fundirse en masivos y emocionados abrazos con sus padres, parejas e hijos, quienes viajaron desde distintas comunas del Tamarugal y el resto del país para presenciar este paso fundamental en sus vidas.

Lágrimas y abrazos: Las familias que viajaron miles de kilómetros

El verdadero corazón de la jornada estuvo en los perímetros de la plaza, donde cientos de familias colmaron el espacio con pañuelones y pancartas tras viajar desde distintas latitudes de Chile. Un turista santiaguino, que realizó su servicio militar años atrás en Arica, se mostró conmovido al presenciar el desfile, asegurando que las lágrimas y la emoción en el corazón se mantienen intactas a pesar del paso de las generaciones.

Los testimonios de orgullo se multiplicaron entre la multitud. Una abuela visiblemente feliz relató que viajó desde Santiago exclusivamente para ver a su nieto participar en este gran día. En tanto, el padre de un conscripto llamado Martín no pudo contener la emoción al confesar cuánto extrañaron a su hijo durante el proceso, enviando un afectuoso saludo a los tíos y sobrinos que seguían la transmisión en vivo de Vilas Radio desde la capital. Incluso las fronteras se borraron en la pampa, como el caso de una madre proveniente de Colombia que viajó desde la ciudad de Barranca para ver jurar a su hijo incorporado en las filas nacionales.

Finalmente, Jorge Riveros, tío de uno de los uniformados, destacó el enorme fervor de las tres ceremonias consecutivas que vivieron los familiares, incluyendo la entrega de armas y la vigilia. Riveros comparó la intensidad del ambiente militar con la devoción que se experimenta en el santuario de La Tirana, afirmando que se le puso la piel de gallina ante el despliegue y agradeciendo la cobertura mediática que conectó a los parientes lejanos.

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