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PERÚ PROYECTA UNA RÉPLICA A TAMAÑO REAL DEL HUÁSCAR PARA CONMEMORAR LOS 150 AÑOS DE LA BATALLA DE ANGAMOS

Siguiendo el exitoso modelo del Museo Corbeta Esmeralda en Iquique, el país vecino busca materializar una réplica a escala real del histórico monitor de Miguel Grau en el Callao, transformándolo en un centro de memoria y turismo cultural para el 2029.

La historia naval de Sudamérica está a punto de enfrentar un nuevo capítulo, esta vez en el ámbito de la puesta en valor patrimonial. Con el año 2029 en el horizonte —fecha que marca el sesquicentenario del Combate Naval de Angamos—, autoridades y especialistas peruanos han puesto la mirada en el norte de Chile para trazar una ambiciosa hoja de ruta cultural.

El modelo a seguir no es otro que el Museo Corbeta Esmeralda de Iquique, una pieza de ingeniería museográfica que se ha consolidado como el recinto más visitado de la Región de Tarapacá. La representación a escala real de la embarcación chilena, recreada tal cual lucía el día anterior a su hundimiento en el Combate Naval de Iquique de 1879, ha demostrado ser un fenómeno cultural capaz de atraer a miles de visitantes y educar sobre el pasado común de ambos países.

La ambición peruana: Un Huáscar para el Callao

La propuesta que toma fuerza en círculos historiográficos peruanos es clara: replicar la hazaña museográfica de Iquique, pero centrando la mirada en el monitor Huáscar. La idea es construir una réplica a tamaño real del histórico buque que lideró el almirante Miguel Grau, otorgándole un lugar de honor en el puerto del Callao.

«Lo que se hizo en Iquique con la Esmeralda es un ejemplo de cómo la museología puede hacer tangible la historia», señalan expertos vinculados al proyecto. El objetivo no es solo turístico, sino fundamentalmente educativo y conmemorativo, buscando que el pueblo peruano pueda experimentar de primera mano las condiciones de vida y combate en el monitor Huáscar, acercando la figura de «El Caballero de los Mares» a las nuevas generaciones.

El espejo chileno: Un éxito de público y pedagogía

Desde su inauguración, el museo iquiqueño ha roto moldes. No se trata solo de un barco varado; es una experiencia inmersiva. El visitante que recorre la réplica de la Esmeralda puede sentir la tensión, el olor y la estructura de la nave justo antes del combate de 1879. Este éxito ha transformado al recinto en el pilar del turismo cultural de la zona norte.

Para el Perú, la construcción de un Huáscar navegable en tierra (o en una dársena específica) representaría un hito sin precedentes en la infraestructura cultural peruana. Al igual que en Chile, la réplica requeriría una investigación arqueológica y técnica exhaustiva para garantizar que cada mamparo, cubierta y pieza de artillería sea un reflejo fidedigno de la nave original.

Un hito para el 2029

El calendario corre. La conmemoración de los 150 años del Combate de Angamos es el objetivo central. La construcción de una réplica a tamaño real es un proceso de largo aliento que requiere financiamiento estatal, alianzas público-privadas y, sobre todo, una voluntad política que trascienda los gobiernos de turno.

«Perú quiere replicar lo mismo que se hizo en Iquique», es la premisa que circula en los pasillos de la diplomacia cultural. De concretarse, el Callao pasaría a contar con un monumento vivo que dialogaría directamente con el legado de Iquique. Ambos museos, Esmeralda y Huáscar, se convertirían así en un binomio histórico destinado a unir y reconciliar a través de la memoria compartida, cerrando las heridas de la Guerra del Pacífico con un enfoque en la educación y el respeto mutuo.

La carrera por el museo ya comenzó. Mientras Chile observa con atención, los especialistas en el Callao preparan los planos para que, en 2029, el monitor Huáscar vuelva a «navegar» en la historia, esta vez como un guardián del patrimonio sudamericano.

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