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FIN DE UNA ERA: PLAYMOBIL PARALIZA SUS MÁQUINAS EN ALEMANIA Y TRASLADA SU PRODUCCIÓN AL EXTRANJERO

El gigante de los juguetes Playmobil concretó el cierre definitivo de su última planta de producción en territorio alemán. La emblemática fábrica ubicada en el municipio de Dietenhofen, en el sur de Alemania, comenzó el proceso de desmontaje de sus instalaciones para trasladar sus matrices hacia naciones con costos de manufactura más bajos, acelerando la salida de su personal.

Sobre la desolación del recinto, el operario del área de imprenta, producción y novedades de Playmobil, Michael Ulbrich, relató la realidad del lugar exponiendo que «en Dietenhofen, donde se llevaba a cabo la producción, ya no queda ningún empleado. Sólo estoy yo aquí. Me niego a abandonar la empresa. Sólo empresas externas que se encargan de limpiar y desmontar todo trabajan en las instalaciones».

DRAMÁTICA REDUCCIÓN DE PERSONAL

La debacle es el resultado de un prolongado ajuste financiero que mermó la fuerza laboral con los años. Respecto a la masiva pérdida de puestos de trabajo, el trabajador de 51 años, Michael Ulbrich, rememoró la crisis interna declarando que «al principio, en la planta de Dietenhofen de Playmobil éramos 1.500 empleados, se redujo esa cifra a estos 364 empleados. Los precios en Alemania son extremadamente caros, pero diré también que la empresa podría haber gestionado esto de otra manera».

Desde la sede de Zirndorf, los controladores blindaron la determinación apuntando a la pérdida de competitividad del país. Un portavoz del Grupo Horst Brandstätter (propietario de Playmobil) justificó la medida argumentando  que «dados los elevados costes actuales de la energía y los salarios, así como la excesiva burocracia que existe en nuestro país, ya no es viable mantener la producción en la planta de Dietenhofen. Las desventajas estructurales de nuestra ubicación no nos han dejado otra opción».

IMPACTO INDUSTRIAL Y TRASLADO

La producción global se concentrará en las filiales de la República Checa y Malta, donde la firma opera hace décadas. Esta fuga responde a un fenómeno macroeconómico complejo; el propio canciller alemán, Friedrich Merz, reconoció la gravedad del escenario advirtiendo que «cada mes, Alemania pierde entre 10.000 y 15.000 puestos de trabajo industriales», empujados por la crisis energética.

Finalmente, el descontento por el impacto social se mantiene vivo entre los pocos que quedan. Cuestionando los criterios del holding, el operario de producción, Michael Ulbrich, concluyó manifestando que «el coste social pagado en Dietenhofen debía haberse compartido con la empresa Lechuza, también del Grupo Horst Brandstätter e igualmente ubicada en ese municipio. Su planta de producción se mantiene. Pero en ese caso no se ha externalizado al extranjero. Hay una contradicción».

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