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ENCUESTA DEL INE: MÁS DE 8 MIL PERSONAS DEJAN ARICA Y PARINACOTA PARA TRABAJAR EN OTROS TERRITORIOS

El fenómeno, que afecta al 7% de la fuerza laboral ariqueña, revela una compleja realidad marcada por la minería y la búsqueda de oportunidades. Mientras gran parte de estos trabajadores se desplazan hacia el polo industrial de Antofagasta, las autoridades plantean el desafío urgente de fortalecer la economía local para evitar la migración laboral.

«Vivir en Arica, trabajar donde el empleo lo permite». Esta parece ser la consigna para un segmento significativo de la población local. Según datos recientes de la Encuesta Nacional de Empleo 2025 del INE, analizados por el Observatorio Laboral de la Región de Arica y Parinacota, más de 8 mil personas mantienen su residencia en la zona, pero se trasladan habitualmente a otras regiones del país para cumplir sus funciones laborales.

La cifra exacta es de 8.162 trabajadores, lo que representa cerca del 7% de las personas ocupadas en toda la región. Este flujo de movilidad laboral tiene un destino claro: la Región de Antofagasta, que concentra a 4.777 de estos trabajadores, seguida por Tarapacá, consolidándose como los polos de atracción de mano de obra debido a su alta actividad económica.

El motor minero y la cultura de turnos

La explicación detrás de estas cifras radica, en gran medida, en la estructura productiva del norte de Chile. La seremi del Trabajo, Belén Núñez, señaló que esta dinámica es un reflejo de las características propias de la zona: «muchas personas se trasladan por razones laborales, especialmente vinculadas a la actividad minera».

Por su parte, el director del Observatorio Laboral, Fernando Cabrales, aportó un dato clave para entender esta fuga de talento y fuerza de trabajo: Antofagasta concentra el 60% del PIB minero del país, convirtiéndose en un imán ineludible para quienes buscan salarios más competitivos o especialización en el sector extractivo.

El perfil del trabajador migrante

El estudio del Observatorio Laboral no solo cuantifica el fenómeno, sino que entrega un retrato detallado de quiénes son estos trabajadores:

  • Género: 7 de cada 10 trabajadores son hombres.
  • Edad: El 69% tiene 35 años o más, lo que sugiere una fuerza laboral experimentada.
  • Formación: El 60% cuenta con educación secundaria o menos, mientras que el 40% posee estudios terciarios.

Este desglose evidencia que el movimiento no es exclusivo de un sector profesional, sino que abarca una amplia gama de competencias operativas que el mercado ariqueño, por ahora, no logra absorber en su totalidad.

El desafío de proyectar futuro sin migrar

Para la autoridad regional, el impacto de este fenómeno es profundo, pues no solo afecta la economía local, sino también la estructura familiar. «El desafío es generar más y mejores empleos dentro de la región», planteó la seremi Belén Núñez, enfatizando que el objetivo final es que las familias puedan proyectar su vida en Arica sin que la «maleta lista en la puerta» sea una condición necesaria para la supervivencia económica.

Trabajar bajo el sistema de turnos fuera de la región ofrece, sin duda, oportunidades de ingresos superiores, pero también impone un costo alto: el estiramiento de la vida familiar, la alteración de la rutina diaria y la erosión del arraigo local. Para estos 8 mil ariqueños, la vida ocurre en casa, pero el sustento —y una parte fundamental de su futuro— se construye a cientos de kilómetros de distancia, en la inmensidad de los yacimientos del norte.

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