«NADIE LO VA A SECUESTRAR»: EL DESAFÍO DEL RÉGIMEN CUBANO TRAS LA ACUSACIÓN DE EE.UU. CONTRA RAÚL CASTRO

En una masiva demostración de fuerza política, La Habana respondió a los cargos presentados por el Departamento de Justicia estadounidense contra el exlíder isleño. Mientras el oficialismo califica la imputación como una «construcción mediática» para justificar una agresión militar, la familia Castro advierte que no permitirán ninguna captura.
La tensión entre Cuba y Estados Unidos ha alcanzado un nuevo punto de ebullición. Tras la imputación formal presentada esta semana por una corte federal del Distrito del Sur de Florida contra Raúl Castro, por su presunta responsabilidad en el derribo de dos avionetas de la organización opositora «Hermanos al Rescate» en 1996, el régimen cubano ha respondido con una movilización que buscó exhibir unidad y resistencia.
Decenas de miles de personas se congregaron en un acto público que sirvió de escenario para cerrar filas en torno a la «generación histórica». Aunque el propio Raúl Castro no asistió al evento, su círculo familiar más cercano —incluyendo a sus hijos y su nieto, el guardaespaldas Raúl Guillermo Rodríguez Castro— sí estuvo presente, junto a figuras clave del Partido Comunista de Cuba (PCC), como José Ramón Machado Ventura.
«Nadie lo va a secuestrar»
La respuesta más contundente vino de parte de Mariela Castro, hija del exmandatario y directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex). Al ser consultada sobre el temor a una posible operación de captura por parte de Washington, la parlamentaria fue tajante: «A mí nadie me lleva vivo. A mí me cogen combatiendo», citó, para luego añadir con seguridad: «A mi padre nadie lo va a secuestrar. Eso se lo puedo asegurar. Ni a él ni a nadie».
Para Mariela Castro, su padre permanece impasible ante los intentos de la justicia estadounidense. «Él está muy tranquilo, observando y sonriéndose», aseguró, mientras reforzaba la retórica oficial frente a la Casa Blanca: «Aquí estamos preparados para combatir al imperialismo».
El cruce de relatos sobre 1996
La acusación del Departamento de Justicia (DOJ) reabre una herida de hace 30 años, cuando dos avionetas fueron derribadas en un operativo bajo el mando de Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas. El incidente resultó en la muerte de cuatro personas, tres de ellas ciudadanos cubano-estadounidenses.
Desde la inteligencia cubana, el relato es radicalmente distinto. Gerardo Hernández, exlíder de una red de espías en EE.UU., sostuvo que Cuba había advertido en 16 ocasiones a Washington sobre las violaciones del espacio aéreo por parte de «Hermanos al Rescate». Según Hernández, el día del derribo fue la «vez número 25» que se vulneraba la soberanía aérea cubana. «Cuba es un pueblo de paz (…) nuestra primera manera de prepararnos es tratar de evitar un conflicto», afirmó, insistiendo en que EE.UU. «pudo prevenir esas muertes y no tomó ninguna acción».
Especulaciones y cerco diplomático
El presidente Miguel Díaz-Canel no pronunció discurso durante el acto, pero utilizó sus redes sociales para elevar el tono del conflicto, calificando la imputación como una «acelerada construcción mediática para justificar una agresión militar». Por su parte, el canciller Bruno Rodríguez denunció que las sanciones y el «cerco energético» impuesto por la administración estadounidense buscan asfixiar a las familias cubanas.
La situación ha desatado una ola de especulaciones sobre si la Casa Blanca planea un operativo similar al realizado contra el presidente venezolano Nicolás Maduro, quien también enfrenta cargos judiciales en EE.UU. Mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, ha calificado a Raúl Castro como un «fugitivo» de la justicia, el Gobierno cubano insiste en que, si bien son un «país pequeño y pobre», cuentan con la experiencia suficiente para enfrentar cualquier intento de agresión externa.




