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EL MANTO QUE UNE A LOS PEREGRINOS: LA HISTORIA DETRÁS DE LAS CINTAS DE LA VIRGEN EN LA TIRANA

Cada 16 de julio, cuando la Virgen del Carmen desciende hasta la explanada del Santuario de La Tirana, miles de peregrinos levantan sus miradas para encontrarse con uno de los símbolos más profundos de esta celebración: las cintas que acompañan los pies de la imagen. Detrás de cada una de ellas existe una historia de fe, agradecimiento y esperanza, pero también un trabajo silencioso que durante años realizan los centinelas y devotos encargados de preparar este verdadero manto de colores que une a la Chinita del Carmen con su pueblo.

La preparación de las cintas está a cargo de personas que entregan su tiempo y dedicación para mantener viva una tradición que ha pasado de generación en generación. Uno de ellos es Carlos Herrera Pulgar, centinela de la imagen de la Virgen del Carmen, quien este año cumplió 50 años al servicio de esta misión y que actualmente, junto a un compañero de Antofagasta, está encargado de separar, preparar y entregar las cintas que serán amarradas a los pies de la Virgen.

“Yo llevo 50 años y toda la vida se han amarrado cintas. Quizás de cuánto tiempo más atrás vienen, no lo sabemos, pero mi papá estuvo muchos años encargado también de amarrar la imagen y amarrar las cintas”, recuerda Herrera, dando cuenta de una labor que forma parte de la historia misma de la Fiesta de La Tirana y que continúa gracias al compromiso de quienes mantienen esta tradición.

LA CINTA, LA EXTENSIÓN DEL MANTO DE LA VIRGEN

Para quienes tienen esta misión, cada cinta representa mucho más que un elemento que acompaña la imagen. Es un símbolo de protección y cercanía, una conexión entre la Virgen del Carmen y quienes llegan desde distintos lugares del país para agradecer o pedir por sus familias.

“La cinta es la extensión del manto de la Virgen que llega a todos los peregrinos”, explica Carlos Herrera, señalando que cada cinta que recibe un devoto nace desde la fe y el cariño. “Cuando uno le reparte una cinta a un peregrino, nosotros se la regalamos, es un obsequio de la Virgen para el peregrino, pero no con la condición ni tampoco con la obligación de que ellos si pueden traer el otro año, pueden traer una cinta”, agrega.

Esta tradición tiene además una historia ligada al crecimiento de la propia celebración. Antiguamente la bajada de la Virgen se realizaba al interior del templo, pero con el paso de los años y el aumento de peregrinos fue necesario trasladarla hasta la explanada, permitiendo que más personas pudieran acompañar este momento.

“Como el templo antiguamente era muy chico, entonces toda la gente quería ver la bajada o la subida de la Virgen. Por eso se optó por hacerla afuera, en la explanada, para que tuviera más gente”, explica Herrera.

LA PREPARACIÓN DE CADA CINTA ANTES DE LLEGAR A LA VIRGEN

El trabajo de los centinelas comienza mucho antes del 16 de julio. Durante todo el año reciben las cintas que los peregrinos llevan hasta el Santuario, especialmente durante los turnos que realizan cada primer domingo del mes. “Todo el año se reciben las cintas porque nosotros el primer domingo de cada mes estamos haciéndole un turno a la Virgen y ahí la gente trae las cintas. No hay un día específico, pero llegan más durante la fiesta”, cuenta Herrera.

Cada cinta llega con una historia de fe. Algunas llevan nombres de familias, mensajes de agradecimiento o peticiones especiales que quedan grabadas como una muestra de devoción. “Hay muchas cintas que están grabadas con los nombres de las familias. Son agradecimientos que tienen ellos. Es como las plaquitas que se ponían antiguamente en los pies de la Virgen, ahora se las ponen en las cintas”, explica.

Para que puedan acompañar la imagen, los encargados recomiendan que tengan una extensión superior a los 30 metros, debido a que una medida menor no alcanza a llegar hasta el lugar donde será instalada. “Por lo general nosotros les pedimos, si pueden, traer una cinta que sea mayor de 30 metros, porque ser muy cortita no alcanza a llegar ahí”, señala Herrera.

Cuando llegan cintas más pequeñas, existe un grupo de mujeres devotas que realiza un trabajo fundamental: unirlas cuidadosamente a mano para que también puedan formar parte de la celebración. Este año, la preparación contempla alrededor de 110 cintas que acompañarán la imagen durante la celebración: 50 cintas de colores y 60 cintas tricolores.

“Los tricolores siempre van en el medio, a los pies de la Virgen, y las de colores van a los costados”, detalla Carlos Herrera, explicando la distribución que mantiene esta tradición.

Dentro de esta preparación también está el cuidado de una antigua costumbre. Años atrás algunos peregrinos cortaban directamente las cintas de la imagen para llevarse un recuerdo, utilizando tijeras, cuchillos o incluso los dientes. “Nosotros hemos optado por regalar un pedacito de cinta, cosa que la gente no corte la cinta, pero igual corta. Es una tradición de años que la gente venía con tijeras, con cuchillos, con los dientes”, relata Herrera.

Por eso hoy los centinelas entregan pequeños fragmentos de cinta a quienes llegan hasta el Santuario, permitiendo que cada peregrino pueda llevar consigo un símbolo de la Virgen sin afectar aquellas que fueron preparadas para la imagen.

VOLUNTARIO QUE GUARDA CADA CINTA DE FE

Una vez finalizada la misa de campaña y el descendimiento de la Virgen del Carmen hasta la explanada, comienza una labor que para muchos peregrinos pasa desapercibida, pero que resulta fundamental para mantener viva esta tradición: el proceso de recoger, ordenar y enrollar cada una de las cintas que acompañaron a la imagen durante su encuentro con el pueblo.

Es en ese momento cuando los centinelas y devotos toman protagonismo. Con paciencia y dedicación, reúnen las cintas, las desenredan y las preparan para ser guardadas, cuidando cada una de ellas porque representan las oraciones, agradecimientos y promesas que miles de familias entregaron a la Chinita del Carmen.

Entre quienes cumplen esta misión está Carlos Letelier, peregrino proveniente de Talca, quien desde hace cinco años realiza esta labor como una manda a la Virgen, aunque su vínculo con la Fiesta de La Tirana comenzó mucho antes. “Llevo 16 años viniendo acá por devoción, pero ahora estoy cumpliendo una manda de ayudar a la cinta”, relata Carlos, quien recuerda que llegó a esta tarea luego de un gesto sencillo de agradecimiento hacia quienes colaboraban con este trabajo.

“Me junté con algunas personas que estaban acá y un día les dije gracias por lo que estaban haciendo por nosotros. Una de las niñas me dijo: primera vez que una persona nos da las gracias. Desde ese momento quedé haciendo eso”, recuerda emocionado.

El trabajo comienza apenas la Virgen desciende hasta la explanada y puede extenderse por varias horas. “A tiro empezamos a enrollar. Empezamos a trabajar y terminamos a las ocho o nueve de la noche”, cuenta Letelier, quien destaca que en esta tarea participan peregrinos que llegan desde distintos puntos del país. “Viene gente de Ovalle, de Antofagasta, de Arica, nos vienen a ayudar, una manda que tienen, a enrollar cintas”, agrega.

La tarea requiere paciencia y dedicación, ya que muchas veces las cintas deben desenredarse, repararse y ordenarse antes de ser guardadas. “Las cintas se enredan. Nosotros las recogemos todas, hay algunas que se cortan, se pierden o hay que unirlas”, explica.

Son aproximadamente entre 10 y 15 personas las que participan en este proceso durante la bajada y preparación para la subida de la Virgen, una labor silenciosa que permanece lejos de los escenarios principales, pero que resulta fundamental para mantener viva esta tradición.

La subida de la imagen se realiza el 17 de julio, después de la misa de la mañana y una pequeña procesión alrededor del templo, cerrando así un ciclo donde las cintas vuelven a acompañar a la Virgen antes de regresar a su altar.

Para los peregrinos que entregan una cinta, la tranquilidad está en saber que su gesto de fe llegará hasta los pies de la Virgen. “Lo principal que yo le diría a los peregrinos que entregan la cinta es que tengan la certeza y la seguridad que su cinta va a estar puesta”, afirma Carlos Herrera.

Finalmente, el centinela realiza un llamado a todos quienes participan de esta celebración: “Que sigamos viviendo la fiesta como está hasta el momento, una fiesta en paz, una fiesta tranquila, y ojalá que no hagan cosas que empañen a la fiesta”.

Así, entre centinelas y voluntarios, continúa una de las tradiciones más significativas de La Tirana. Un hilo de fe que conecta generaciones completas y que cada 16 de julio vuelve a recordar que el manto de la Virgen del Carmen sigue abrazando a todos sus peregrinos.

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