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CRISIS DE NATALIDAD EN CHILE GOLPEA A CLÍNICAS Y HOSPITALES Y OBLIGA A UN MASIVO CIERRE Y RECONVERSIÓN DE MATERNIDADES

Por primera vez en la historia de Chile, la tasa de fecundidad cayó por debajo de un hijo por mujer (0,99), gatillando el colapso de la demanda obstétrica. Mientras los recintos públicos han eliminado casi un 24% de sus camas de parto en 15 años, emblemáticos centros militares y privadas del país clausuran sus áreas de maternidad para priorizar el avance del cáncer y las patologías de la vejez.

Un fenómeno silencioso pero de un impacto estructural sin precedentes está remeciendo los cimientos del sistema de salud chileno, tanto en su red pública como privada. La sostenida y drástica caída de la natalidad en el país ha dejado de ser una simple proyección estadística de los libros de demografía para transformarse en una realidad operativa ineludible: clínicas y hospitales a lo largo de todo el territorio nacional se están viendo obligados a reestructurar, reducir o cerrar definitivamente sus unidades de maternidad y neonatología ante la falta de nacimientos.

La gravedad del escenario quedó en evidencia esta semana tras conocerse el inminente cierre de la Unidad de Maternidad del Hospital Clínico de la Fuerza Aérea (FACh), un histórico recinto del sector oriente de Santiago que, debido a la crisis de sustentabilidad y la baja demanda, dejará de realizar estas prestaciones. A partir del próximo 1 de junio, el Hospital de Carabineros (HOSCAR) asumirá la atención de dichas pacientes. Este hito se suma a la drástica decisión adoptada en diciembre de 2019 por el Hospital Militar de Santiago, recinto que clausuró por completo su maternidad tras registrar una caída del 5,6% anual en las atenciones de partos.

Las cifras del desplome: Chile cae por debajo del «límite de reemplazo»

El trasfondo de este ajuste sanitario quedó al descubierto tras la presentación del informe «Panorama demográfico en Chile» liderado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en base a las estadísticas vitales cruzadas con el Registro Civil y el Ministerio de Salud. Las cifras son demoledoras. Mientras que en 1993 los nacimientos en Chile alcanzaban los 275.916 casos, en 2025 la cifra se desplomó a solo 146.446 nacidos vivos, anotando una caída del 46,9% de los nacimientos en tres décadas.

El informe demográfico constató, además, que el año 1998 fue el último periodo en que la Tasa Global de Fecundidad (TGF) en Chile alcanzó el valor de reemplazo óptimo de 2,1 hijos por mujer. Desde entonces, el indicador se precipitó en un 59,4%, registrando un hito histórico alarmante en el último balance: por primera vez en la historia de Chile, la Tasa Global de Fecundidad se ubicó por debajo de un hijo por mujer, alcanzando un promedio de apenas 0,99 nacidos vivos.

La red pública extirpa sus camas obstétricas

Este invierno demográfico se ha traducido en una sostenida contracción de la capacidad instalada en los hospitales del Estado. Según cifras de la División de Gestión de la Red Asistencial (Digera) del Minsal, en el año 2010 los hospitales públicos contaban con 2.929 camas obstétricas. Quince años después, la dotación se redujo a 2.239 camas, registrando una caída del 23,6% de la disponibilidad de plazas para partos.

El Dr. Roberto Altamirano, presidente de la Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología (SOCHOG), advirtió que este panorama obliga a mirar la situación con extrema responsabilidad. “Una menor cantidad de nacimientos puede generar una aparente menor presión asistencial en algunas maternidades, pero no significa que la atención sea menos relevante. Por el contrario, los embarazos actuales ocurren a mayor edad materna y presentan comorbilidades de alto riesgo”, relató. El facultativo enfatizó que la reconversión debe ser planificada para evitar la pérdida de equipos entrenados y brechas de acceso territorial.

Clínicas privadas cierran alas completas y migran hacia el cáncer

En el sector privado, la asociación gremial Clínicas de Chile A.G. ratificó que el país experimenta un decrecimiento cercano al 10% anual en el número de partos, abriendo el camino a una transformación radical de la infraestructura. El caso más dramático lo reportó la red RedSalud, firma que cerró progresivamente cuatro de sus unidades de maternidad: Vitacura y Valparaíso (2021), Magallanes (2022) y Temuco (2023).

El director médico de RedSalud, Juan Pablo Pascual, detalló que en algunos de estos centros los indicadores no alcanzaban ni siquiera los dos partos diarios, umbral mínimo para garantizar la seguridad clínica del binomio madre-hijo. “Esto nos llevó a repensar nuestro rol e impulsar un reordenamiento estratégico de los servicios para reforzar el tratamiento de enfermedades con mayor prevalencia, como el cáncer y las enfermedades cardiovasculares”, argumentó Pascual, confirmando que los espacios de maternidad se reconvirtieron en salas de quimioterapia y unidades de angiografía.

Por su parte, la Clínica Santa María aplicó una reducción del 15% en sus camas obstétricas, reorientando sus esfuerzos hacia los programas de fertilidad asistida y la neonatología de alta complejidad debido a las cardiopatías congénitas. Misma estrategia adoptó Clínica Dávila, reestructurando su oferta para atender la creciente complejidad de las madres de edad avanzada.

El oasis del sector oriente de la capital

En la otra cara de la moneda, las clínicas ubicadas en el sector más acomodado de Santiago logran sortear la tormenta demográfica, transformándose en imanes de concentración de la demanda. En la Clínica Alemana, el número de partos se mantuvo estable en torno a los 3.880 nacimientos anuales, consolidándose como la principal maternidad privada del país con un cuarto del total de los nacimientos de dicho sector. Una tendencia similar reportó la Clínica Universidad de los Andes, que anotó un crecimiento del 5% en su actividad obstétrica, alcanzando los 1.241 partos anuales merced a un enfoque de parto humanizado.

La crisis de la natalidad en Chile ha dejado en claro que el perfil epidemiológico del país envejeció de golpe. El desafío de las autoridades sanitarias y los directorios médicos ya no consiste en construir más salas de parto, sino en diseñar con urgencia una red flexible, capaz de desmantelar los antiguos pabellones de cunas para dar paso a sillones de oncología y unidades de geriatría que den respuesta a los requerimientos de la población del mañana.

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