
Un despliegue coordinado entre la Municipalidad de Arica, Fiscalía y Carabineros ejecutó la orden judicial de desalojo en una conocida «casa okupa». El inmueble no solo albergaba incivilidades que aterraban al barrio, sino que estaba destruido por dentro: los equipos municipales debieron sacar siete camionadas de basura, residuos biológicos y hasta hallaron un violín entre los desperdicios.
El alivio llegó finalmente a la calle Lincoyán. Tras meses de incertidumbre, amenazas cotidianas y un desgaste emocional que golpeó duro a los propietarios y vecinos, las fuerzas policiales e institucionales concretaron el desalojo definitivo del inmueble. La acción respondió a una orden judicial por el delito de usurpación, luego de que los ocupantes ilegales ignoraran por completo el plazo voluntario que les otorgó la justicia para abandonar el lugar.
Para la familia dueña de la propiedad, ver el carro policial y la restitución del inmueble significó cerrar un capítulo oscuro. «Después de mucho tiempo y lucha, el alcalde nos ha dado la alegría de recuperar la casa», resumió conmovida Isabel Valderrama en medio del procedimiento.
«Botellas con orina y paredes convertidas en baño»: las brutales condiciones del interior
El panorama que hallaron las autoridades al cruzar el portón principal fue desolador. La fiscal jefe de la Fiscalía de Fronteras, Paulina Brito, detalló que las dependencias presentaban un nivel extremo de deterioro e insalubridad. Los ocupantes utilizaban las distintas habitaciones directamente como baños improvisados, acumulando cerros de desperdicios, rayados en las paredes y botellas con orina en cada rincón.
El impacto ambiental y sanitario no solo afectaba la estructura de la vivienda, sino que se proyectaba hacia las casas colindantes, convirtiendo al pasaje en un foco permanente de infecciones, ruidos molestos y delincuencia.
La «pega sucia» del municipio: siete camionadas de desperdicios
Apenas la policía tomó el control de la propiedad, la posta la recibieron los funcionarios de la Dirección de Aseo y Ornato junto al equipo de prevención y recuperación barrial de la DIPRESEH. Fueron ellos quienes asumieron el trabajo más pesado: limpiar, sanitizar y vaciar la vivienda para entregársela habitable y segura a sus legítimos dueños.
Los equipos municipales retiraron un total de siete camionadas repletas de basura, enseres destruidos y escombros. Entre los cerros de desperdicios acumulados por los usurpadores, los trabajadores encontraron insólitamente un violín, reflejando el caótico desorden en que operaba esta guarida urbana.
La articulación que destrabó el conflicto: la Mesa de Casas Okupas
La restitución del inmueble no ocurrió por arte de magia. El caso avanzó gracias a las gestiones canalizadas en la Mesa de Casas Okupas del municipio ariqueño, una instancia que busca apurar los procesos legales articulando a las instituciones que muchas veces caminan a ritmos distintos.
El alcalde de Arica, Orlando Vargas, remarcó en terreno el compromiso de la gestión municipal para erradicar estos focos de incivilidad: «Estamos aquí en calle Lincoyán recuperando espacios y cumpliendo el compromiso que asumimos con la población de dar solución a estos problemas». En la misma línea, la concejala Dolores Cautivo, presidenta de la Comisión de Seguridad, celebró que al fin se conectaran «en un círculo virtuoso la Fiscalía, las policías, la Municipalidad y todos los actores».
Se acabaron las amenazas: el descanso de la familia y sus vecinos
Más allá del valor material del inmueble, lo que recuperó la familia fue la tranquilidad de dormir sin miedo. Emilio, hijo de la dueña del inmueble, relató el calvario que vivieron durante el tiempo que la casa estuvo tomada y agradeció el apoyo de las autoridades.
«Hemos sufrido una enormidad, un desgaste emocional, penurias y pérdidas, tanto los vecinos como nosotros. Lo importante en estos momentos es que mi madre recuperó su casa y que ya no recibiremos amenazas», expresó el poblador. Ahora, el desafío del municipio y la familia será blindar el perímetro para evitar que los ocupantes intenten retomar la vivienda, asegurando que la paz se quede de forma definitiva en la calle Lincoyán.




