
María Fernanda Rebolledo pasó seis meses en prisión preventiva tras aceptar trasladar la maleta de un compañero en un vuelo militar desde Tarapacá. Un peritaje de la PDI confirmó el abuso de confianza del que fue víctima y la justicia cerró definitivamente la causa en su contra, declarando su inocencia.
El caso remeció las bases institucionales de la Fuerza Aérea de Chile en julio de 2025. Un vuelo militar despegaba desde la Región de Tarapacá hacia la capital con una carga oculta: cuatro kilos de ketamina empaquetados dentro de una maleta de cabina. Entre los cinco uniformados detenidos por el cargamento figuraba María Fernanda Rebolledo, suboficial y exjefa de cabina en vuelos oficiales.
Hoy, totalmente sobreseída de los cargos tras comprobarse que fue utilizada como nexo por sus propios compañeros, Rebolledo habló por primera vez con Mega Investiga. La funcionaria permaneció seis meses privada de libertad pagando por un favor que jamás imaginó que terminaría en un delito grave. Todo comenzó cuando el cabo Mauricio Ponce la abordó antes de subir el avión desde Iquique pidiéndole llevar un equipaje de mano que supuestamente contenía solo ropa y una botella de whisky.
«NO QUIERO PENSAR QUE LO QUE TRAE LA MALETA ES DROGA»: LAS SOSPECHAS TRAS LA FISCALIZACIÓN EN EL AEROPUERTO
La trampa comenzó a desmoronarse apenas el personal de Aduanas retuvo el equipaje en la losa para someterlo a revisión por inconsistencias en el scanner. Con la maleta trabada con candado, Rebolledo comenzó a presionar a Ponce mediante mensajes directos para entender de quién era realmente el bolso, recibiendo respuestas evasivas que cambiaron de versión rápidamente: de pertenecer a un «conocido» pasó a ser propiedad del cabo segundo Elías Villalonga Martínez, otro de los implicados.
«Le escribí varias veces hasta que me dijo que la otra persona no me lo había querido pedir directamente», relató la exjefa de cabina. La angustia creció en cuestión de minutos. «Le escribí: ‘No quiero pensar que lo que trae la maleta es droga’, y me respondió: ‘Ojalá que no'». Minutos más tarde, la PDI y la Fiscalía le mostraban la fotografía del contenido destapado: cuatro bultos prensados con ketamina al lado del licor.
SEIS MESES EN PRISIÓN PREVENTIVA Y UN REENCUENTRO A VIVA VOZ
Sin antecedentes en sus 15 años de servicio, la funcionaria terminó esposada de pies y manos e ingresada a una cárcel común vistiendo su propio buzo de vuelo. Rebolledo enfrentó nueve días incomunicada y sufrió constantes agresiones verbales por su condición de uniformada, obligándose a resistir jornada tras jornada bajo la consigna de sobrevivir para probar que había sido víctima de un abuso de confianza.
Un informe técnico elaborado por la Policía de Investigaciones confirmó más tarde que Ponce manipuló la relación laboral y de compañerismo para utilizarla como mulera involuntaria. Antes de recuperar su libertad, Rebolledo coincidió con Ponce durante un traslado de imputados en los tribunales, encarándolo sin filtros por una ventana: «Él me miró y me dijo ‘perdóname’. Yo le respondí: ‘Me cagaste la vida, me cagaste la carrera'».
La justicia finalmente cerró las causas en su contra y dictaminó su total inocencia.




