
Durante la Sesión Ordinaria N°15 del Concejo Municipal, la máxima autoridad de la comuna oasis reveló el dramático escenario fitozoosanitario: hay más de 30 moscas capturadas, los seguros agrícolas se niegan a respaldar a los productores y advirtió el fantasma de la crisis de 1978, cuando casi se debió talar el oasis completo.
Una de las crisis agrícolas y ambientales más severas de las últimas décadas amenaza con destruir la economía y el patrimonio natural de la Provincia del Tamarugal, en la Región de Tarapacá. En una intervención de alta tensión política y técnica durante la Sesión Ordinaria N°15 del Concejo Municipal de Pica, el alcalde Iván Infante Chacón alzó la voz para exigir formalmente al Gobierno y al Ministerio de Agricultura que se declare de manera urgente como «Zona de Catástrofe» a la comuna. Esto, ante la violenta propagación de la mosca de la fruta (Ceratitis capitata), plaga que mantiene bajo estricta cuarentena a la localidad de Matilla y que ya registra brotes iniciales en el propio oasis de Pica.
Infante, visiblemente afectado por el nulo avance institucional del nivel central y regional, dio cuenta de una fallida reunión de dos horas sostenida con el Secretario Regional Ministerial (Seremi) de Agricultura y el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). «Lamentablemente, ellos en realidad no llevaban nada concreto, así que no pudimos sacar nada en limpio. Tuvimos una reunión de dos horas en que al final no pudimos sacar nada, pero sí se fueron con una tarea», fustigó la autoridad edilicia, evidenciando la falta de un plan de contingencia por parte de los organismos competentes.
La radiografía del desastre: Matilla «plagado» y el contrabando desatado
La situación epidemiológica en la comuna es crítica. De acuerdo con los datos entregados de primera mano por el jefe comunal, «ya son más de treinta moscas que se han encontrado en Matilla», y el insecto ya inició su avance hacia las zonas altas, detectándose los primeros tres ejemplares en el Alto Matilla y el centro de Pica.
El alcalde Infante apuntó directamente al ingreso clandestino de productos agropecuarios por pasos no habilitados de la macrozona norte como la causa basal del rebrote. «Hoy día volvió a salir el tema de los contrabandos. Fue un señor de Pica con frutas, con papayas, con cosas de contrabando que han pasado acá y que vienen de Perú y de Bolivia», denunció. La autoridad recordó que la plaga no es exclusiva de la comuna: «Arica está pero cinco veces peor, y eso viene avanzando. Ya está Huara también con mosca, y esto está llegando hasta la cuarta región; en este momento Coquimbo está en alerta», advirtió, catalogando el hecho como una crisis de seguridad alimentaria nacional.
Sin seguros agrícolas y bajo la sombra del desastre de 1978
Uno de los argumentos más sólidos expuestos por el alcalde Iván Infante para justificar la necesidad del decreto de Zona de Catástrofe es el desamparo financiero en el que se encuentran los agricultores locales, quienes han debido descargar y botar toneladas de mangos, guayabas, limones y naranjas para cumplir con los protocolos de erradicación.
«¿Por qué solicité que se nombre zona de catástrofe? Porque con eso a lo mejor la gente puede recibir algún beneficio. Antes teníamos un seguro que pagaba la gente por la descarga de fruta, ¿pero qué pasó ahora? Que las compañías de seguros no quieren asegurar a la gente. Ningún seguro quiso tomar el riesgo porque esto es algo que no se sabe cuándo continúa, no es como un terremoto donde ya se sabe lo que se cayó».
El fantasma del colapso ecológico de fines de la década de los 70 sobrevoló con fuerza el debate municipal. Durante la ronda de intervenciones, los concejales recordaron los traumas de la infancia en el oasis: «Nos vamos a encontrar como el año 1978, que fue horrible. El año 78 casi tuvo que talarse el oasis completo porque la mosca avanzó mucho. Sufrimos el bombardeo con veneno con avionetas que pasaban a ras de casa echando malatión y nosotros abajo como pollitos», rememoraron los ediles respecto a los agresivos químicos químicos que se permitían en la época.
Exigencia de barreras sanitarias y la intervención de Carabineros o Militares
La máxima autoridad comunal fustigó severamente el centralismo y la inacción histórica del SAG, recordando que la municipalidad advirtió este escenario hace un año, llegando incluso a viajar a Santiago con la administradora municipal, sin recibir respuestas concretas. «El año pasado yo pedí para la fiesta de La Tirana que se cerrara y no se hizo. Yo tanto que molesté y ahora nos vemos con el tremendo problema. El tiempo a uno le da la razón», fustigó Infante.
Ante las limitaciones legales del municipio, el alcalde detalló cuál fue la exigencia perentoria que se le impuso al Seremi de Agricultura en la mesa de trabajo:
- Instalación inmediata de barreras sanitarias: Se exigió el posicionamiento de puestos de control fijos tanto en la bajada de la Laguna del Huasco como en los accesos clave a Matilla.
- Apoyo de la fuerza pública: Dado que el personal del SAG no tiene las atribuciones de detener vehículos, el alcalde propuso un trabajo conjunto: «El SAG no puede parar autos, entonces acá necesitan el apoyo de Carabineros o ver si los militares pueden ayudar a controlar todos los vehículos. Esto va a tener que ser igual que en el tiempo de la pandemia».
Finalmente, el Concejo Municipal acordó por unanimidad mantener bajo estricta fiscalización el plazo de un mes otorgado por los Consejeros Regionales para que el SAG presente un programa técnico definitivo de erradicación. El municipio, en tanto, continuará con sus campañas autónomas de concientización comunitaria y el despliegue de recolectores para asegurar que las descargas obligatorias de fruta no generen focos de insalubridad en las esquinas rurales de la comuna.




