
La Región de Tarapacá cerró el 2025 con una caída del 70% en los homicidios en comparación con 2021, consolidando una tendencia sostenida a la baja que las autoridades atribuyen al trabajo coordinado entre policías, Fiscalía y organismos del Estado.
El inicio de 2026 llegó con una señal potente desde el norte del país. La Región de Tarapacá registró una caída del 70% en los homicidios en los últimos cuatro años, consolidando una tendencia descendente que comenzó a afirmarse desde 2022, y que hoy se traduce en uno de los balances más significativos en materia de seguridad pública a nivel nacional.
Las cifras fueron presentadas en el marco de un Comité Operativo de Seguridad, instancia que reunió a las principales autoridades civiles, policiales y del Ministerio Público para evaluar tanto el comportamiento delictual durante las fiestas de fin de año como el balance completo del 2025.
De 53 a 16: el contraste que marca una época
El dato más contundente no admite interpretaciones: en 2021, Tarapacá cerró el año con 53 homicidios consumados. En 2025, la cifra descendió a 16 casos. Un cambio de escala que, según las autoridades, refleja una política sostenida y coordinada de control territorial, persecución penal y prevención del delito.
Desde el gobierno regional subrayan que no se trata de una baja puntual ni circunstancial, sino de una tendencia consolidada que se ha mantenido en el tiempo, incluso en un contexto nacional marcado por el debate sobre seguridad.

Trabajo coordinado y presencia permanente
Uno de los factores que más se repite en el diagnóstico es la articulación interinstitucional. Carabineros, Policía de Investigaciones, Fiscalía, autoridades regionales y organismos del Estado han operado bajo una lógica de “ecosistema de seguridad”, con despliegue constante en barrios críticos, patrullajes reforzados y estrategias investigativas conjuntas.
Desde las policías destacan que la combinación entre presencia en terreno y investigación especializada ha permitido no solo reaccionar ante hechos violentos, sino anticiparse a escenarios de riesgo, desarticular bandas y reducir delitos de alta connotación social.
Más que homicidios: un impacto transversal
La disminución no se limita únicamente a los asesinatos. El balance también da cuenta de avances en otros frentes sensibles: tráfico de drogas, incivilidades y hechos violentos que generan percepción de inseguridad en la ciudadanía.
Según las autoridades, la reducción de homicidios tiene un efecto directo en la sensación de seguridad, ya que se trata del delito que mayor temor provoca en la población y que suele actuar como termómetro del crimen organizado.
El desafío que viene
Pese a los números positivos, el mensaje oficial es de cautela. Las autoridades coinciden en que el desafío ahora es sostener los resultados, evitar retrocesos y fortalecer las capacidades del Estado frente a fenómenos delictuales cada vez más complejos y dinámicos.
La experiencia de Tarapacá comienza a ser observada como un caso de estudio, en momentos en que distintas regiones del país buscan fórmulas efectivas para enfrentar la violencia sin caer en respuestas improvisadas.
Una señal en medio del debate nacional
En un Chile atravesado por la discusión sobre seguridad, crimen organizado y control territorial, Tarapacá emerge con una señal distinta: la violencia puede retroceder cuando hay estrategia, coordinación y continuidad.
Las cifras no celebran el fin del problema, pero sí marcan un punto de inflexión. Uno que, por primera vez en años, permite mirar el futuro con algo más que preocupación.







