
A dos años del trágico incendio que destruyó el emblemático templo de la calle Latorre, el párroco Jaime Campos confirmó que la Contraloría mantiene bloqueados los recursos para los estudios de restauración al no haberse aclarado el destino de fondos asignados en 2017. Pese a las trabas estatales, la comunidad franciscana insiste en recuperar el espacio como clave para la memoria y la seguridad del casco histórico.
Ya pasaron dos años desde aquel fatídico siniestro que destruyó la Parroquia San Antonio de Padua y el convento franciscano, pero el dolor sigue latente. En una emotiva misa de conmemoración, los fieles se volvieron a reunir para recordar un episodio que marcó un antes y un después en la memoria colectiva tarapaqueña.
El párroco Jaime Campos, quien asumió la conducción de la parroquia en mayo de este año tras retornar de Colombia, describe la profunda impresión que le causó encontrarse con una ciudadanía fuertemente comprometida. «Me he encontrado con que en Iquique este edificio es importante transversalmente. Más allá del mundo católico, es un golpe para la historia, la arquitectura y la identidad de la ciudad», explica el religioso, remarcando que el templo sobrepasaba la fe y formaba parte de la vida cotidiana de familias de toda la región.
La traba burocrática que frena los recursos en Contraloría
Sin embargo, el camino para levantar el templo desde los escombros no está siendo nada fácil. Tras sostener reuniones con equipos del Ministerio de Obras Públicas (MOP), el panorama para iniciar los estudios formales de restauración se percibe sumamente complejo.
El gran nudo crítico radica en que la Contraloría mantendría frenados las nuevas autorizaciones y flujos de dinero debido a que no se ha demostrado ni rendido el destino de recursos asignados en 2017 para un estudio previo de restauración. Sin aclarar qué pasó con esos fondos pasados, el aparato estatal no puede soltar el presupuesto actual.
Ante esta situación, el padre Jaime Campos adopta un tono pragmático y paciente: «Seguramente van a haber los procesos legales que tienen que ejercer las instituciones. Desde Contraloría verán eso. Como franciscanos tenemos experiencia en esto, administramos Monumentos Nacionales en el país desde 1415 y sabemos que es un proceso lento, pero no hay que perder la esperanza».
La comunidad organizada: el motor que mantiene viva la memoria
Frente a la lentitud del aparato público, los propios iquiqueños tomaron la iniciativa para evitar que el lugar caiga en el olvido. A través de una comisión de memoria y reconstrucción voluntaria, los vecinos realizan actividades mes a mes para mantener en la agenda pública la urgencia del rescate patrimonial.
Esta fuerza comunitaria busca presionar a las autoridades y acompañar las gestiones estatales, evitando que la Iglesia San Francisco corra la misma suerte de otros inmuebles históricos de la zona que terminaron abandonados.
Desidia urbana y el rescate del centro histórico de Iquique
La mirada del sacerdote va más allá de los muros del templo y apunta a una reflexión crítica sobre el estado del casco antiguo. Tras recorrer zonas emblemáticas como el Paseo Baquedano y observar la riqueza arquitectónica del pino oregón heredada de la época salitrera, Campos advierte un evidente descuido en los espacios públicos de la ciudad.
«Uno ve la ciudad y este sector histórico es precioso, pero falta mantenimiento. Es necesario que este edificio se pueda recuperar, como también otros como la Ex Aduana», enfatiza el religioso. Incluso cita el deterioro de las calles tras las últimas lluvias como un síntoma de un desafío mayor que enfrenta la administración local.
Espacios públicos bien mantenidos: la verdadera clave contra la delincuencia
Para el párroco, la recuperación del patrimonio no es solo un capricho estético o cultural, sino una estrategia directa para combatir la crisis de seguridad que afecta a Iquique. Dejar que los edificios icónicos se conviertan en ruinas o que las plazas se deterioren le abre la puerta a la incivilidad y al delito.
«Cuando hablamos de seguridad, necesariamente tenemos que hablar del uso de los espacios comunes, y para usarlos tienen que estar bien mantenidos. Más que una política de controlar la delincuencia solo con mano dura, hoy día la clave pasa por recuperar los espacios públicos para la ciudadanía», concluye Campos, haciendo un llamado a tomar conciencia nacional al igual que se ha hecho con la restauración de barrios en Santiago o el Cerro Barón en Valparaíso.




