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MANIFESTANTES CERCAN EL CORAZÓN DEL PODER EN BOLIVIA EN UNA JORNADA MARCADA POR EL CAOS Y LA CRISIS HUMANITARIA

La Plaza Murillo en La Paz se convirtió este viernes en el epicentro de una violenta jornada de protestas contra el presidente Rodrigo Paz. Mientras los bloqueos mantienen al país virtualmente incomunicado, el gobierno alerta sobre la presencia de armamento de grueso calibre entre los grupos movilizados, en un conflicto que ya suma su cuarta víctima fatal.

La tensión en Bolivia alcanzó niveles críticos este 22 de mayo. En una arremetida que desafió los cordones de seguridad, grupos de manifestantes vinculados a la Central Obrera Boliviana (COB) —brazo sindical del expresidente Evo Morales— lograron llegar a metros del Palacio de Gobierno de Palo Quemado y la sede del Poder Legislativo, provocando una violenta respuesta policial que transformó el centro de La Paz en un escenario de gases lacrimógenos y estampidas.

Tras tres semanas de movilizaciones ininterrumpidas, la estabilidad institucional del país andino pende de un hilo. Los bloqueos de carreteras, iniciados el pasado 6 de mayo, han dejado a la nación prácticamente paralizada, afectando gravemente el suministro de bienes esenciales y la movilidad de sus ciudadanos.

La sombra del armamento de alto calibre

En medio de la escalada, el Ministerio de Defensa y las Fuerzas Armadas encendieron las alarmas al emitir un comunicado que advierte sobre la presencia de “grupos irregulares que ostentan armamento bélico de alto calibre” entre las filas de los manifestantes. Aunque la autoridad no detalló la naturaleza del armamento ni el origen de estas facciones, prometió actuar “en el marco de la ley” para salvaguardar la estabilidad institucional y la integridad de la ciudadanía, una advertencia que abre la puerta a una intervención más drástica por parte de las fuerzas de seguridad.

Una crisis humanitaria sin precedentes

Más allá de la batalla política por la renuncia del mandatario Rodrigo Paz, el costo más doloroso de esta crisis es el humano. El Ministerio de Salud confirmó este jueves el cuarto fallecimiento vinculado directamente a los bloqueos de carreteras. Se trata de un menor de 12 años que sufría un trauma abdominal grave; el niño perdió la vida tras ser desviado de su ruta original debido a los cortes de tránsito, imposibilitando la cirugía de urgencia que requería.

“Instamos a permitir el paso de ambulancias y clamamos por un corredor humanitario”, fue el desesperado llamado de las autoridades sanitarias. La situación en los hospitales de La Paz es límite: centros como el Hospital de la Mujer han comenzado a racionar insumos críticos como el oxígeno medicinal, mientras las cirugías programadas se ven suspendidas ante la incertidumbre logística.

El país, un rehén de los conflictos

El impacto social es total. Si bien este viernes se logró restablecer temporalmente el funcionamiento del aeropuerto de La Paz —que había sido amenazado por manifestantes desde El Alto—, la normalidad sigue siendo una utopía. Incluso el ámbito deportivo se ha visto forzado a claudicar; el club Bolívar debió trasladar su encuentro de Copa Libertadores contra Independiente Rivadavia hacia Santa Cruz, ante la imposibilidad de garantizar las condiciones logísticas en la sede de gobierno.

La alianza entre mineros, campesinos, transportistas e indígenas, sumada a la facción masista de la COB, ha creado un frente de presión que no cede. Mientras el presidente Paz enfrenta la mayor crisis de su mandato, Bolivia observa con angustia cómo el cerco a sus sedes de poder, la escasez de recursos médicos y la amenaza de una violencia mayor terminan por fracturar la convivencia nacional.

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