
El joven de 14 años sufrió un agresivo síndrome de Guillain-Barré atípico que lo dejó inmovilizado y sin poder hablar en una UCI de Santiago. Tras diez meses de angustia y con el apoyo incondicional de su familia y el equipo del Instituto Teletón Iquique, hoy vuelve a sonreír, camina y entrena boxeo con miras a su plena independencia.
Joaquín Zamora siempre fue un apasionado del fútbol, un joven «pelusa» del norte, bueno para molestar, bailar y jugar a la pelota en Iquique. Su gran anhelo era ser hermano mayor para enseñarle a jugar a su compañero de vida, un sueño que se concretó con la llegada del pequeño Mateo. Sin embargo, a los 11 años, tras volver de un partido y una fiesta de cumpleaños, la vida de la familia dio un vuelco drástico.
Una noche comenzó a sentir una presión insoportable en la cabeza y sus labios cayeron de golpe. «No era una migraña, era como si me estuvieran pisando la cabeza», recuerda Joaquín. En el hospital de la ciudad su cuerpo empezó a apagarse rápidamente: perdió la movilidad, no podía abrir los ojos ni hablar, escuchando apenas los llantos de sus padres. El diagnóstico médico confirmó un agresivo síndrome de Guillain-Barré atípico, convirtiéndolo en prioridad regional para su traslado de urgencia a Santiago.
Diez meses en la UCI, incertidumbre y el regalo más esperado
La batalla se trasladó a la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica Las Condes en la capital. Sus padres tuvieron que tomar la desgarradora decisión de dejar a su bebé Mateo en Iquique al cuidado de los abuelos para centrarse en salvar a Joaquín. Durante meses, el adolescente permaneció conectado a ventilación mecánica. Su voz, según rememora hoy, era como un débil soplido.
La fuerza mental de Joaquín y pequeños impulsos emocionales —como un saludo en video del jugador de Colo-Colo Ramiro González— marcaron el inicio del milagro. De pronto empezó a mover un pie, abrió un ojo y justo después de Navidad recibió el mejor alta: le retiraron el ventilador mecánico y la familia completa pudo reencontrarse tras diez meses de separación.
El reingreso al norte y la intensiva rehabilitación en Teletón Iquique
De vuelta en Tarapacá, el desafío consistía en levantarse de la silla neurológica. Al ingresar al Instituto Teletón Iquique, Joaquín no hablaba y presentaba una severa inmovilidad en el tren inferior. Conscientes de sus ganas de avanzar, los terapeutas de la institución acordaron con los padres enviarle dobles rutinas de ejercicios para la casa, intensificando el trabajo fonoaudiológico y físico.
Los avances en la piscina del instituto marcaron un quiebre emocional en el iquiqueño. «Al entrar al agua sentí que podía mover las piernas, que podía volver a patear», relata Joaquín. El tratamiento le devolvió paulatinamente el habla, la capacidad de comer solo y la movilidad para desplazarse al colegio de forma autónoma.
El boxeo como motor de disciplina e independencia
El punto de inflexión definitivo en su recuperación física y emocional llegó cuando descubrió el boxeo adaptado. Esta disciplina deportiva lo levantó definitivamente de la silla de ruedas y le devolvió el carácter competitivo que lo caracterizaba antes de la enfermedad.
«El boxeo vuelve fuerte al débil, humilde al soberbio y disciplinado al flojo», reflexiona el joven paciente iquiqueño, quien hoy destaca el sacrificio de sus padres para sacar adelante a la familia como un equipo. Aunque su proceso continúa con seguimiento constante en Teletón para prevenir recaídas, el caso exhibido a nivel nacional en esta Teletón 2026 demuestra que en el norte no hay imposibles cuando la fe y la rehabilitación van de la mano.




