
El arribo a Chile de un buque de investigación y un submarino de origen chino, catalogados como naves de “uso dual”, motivó al diputado Stephan Schubert a oficiar al Ministerio del Interior, Cancillería y la ANI para descartar eventuales riesgos de espionaje o amenazas a la seguridad nacional.
El rugido de los motores en el puerto de Valparaíso no fue un sonido más este fin de semana. La presencia imponente del buque Tan Suo Yi Hao —una nave de investigación china— junto a un submarino de su misma procedencia, ha encendido las alarmas políticas y de seguridad dentro del Congreso chileno, generando una controversia que supera las rutinas diplomáticas habituales y plantea interrogantes sobre soberanía, inteligencia y uso de aguas jurisdiccionales.
Mientras la tripulación descargaba equipos sofisticados en el muelle, en Santiago, pasillos del poder legislativo fervían con oficios dirigidos al Ministerio del Interior, a la Cancillería y a la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI), firmados por el diputado Stephan Schubert (Partido Republicano). El parlamentario exige respuestas claras, permisos, protocolos de vigilancia y todos los antecedentes que demostraran que la visita de estas naves no encierra objetivos distintos a los que oficialmente fueron declarados.
Una llegada que va más allá de lo científico
La nave Tan Suo Yi Hao, perteneciente al Instituto de Ciencias e Ingeniería del Mar Profundo de la Academia China de Ciencias, es descrita oficialmente como un buque de investigación oceanográfica con capacidad para estudios en aguas profundas, incluidos mapeos geológicos y biológicos en la Fosa de Atacama. Colabora con instituciones chilenas, como el Instituto Milenio de Oceanografía de la Universidad de Concepción, en una expedición científica de varios meses que se extiende desde Valparaíso hasta el norte del país.
Sin embargo, más allá de los estudios académicos, expertos internacionales y analistas de defensa han señalado que esta clase de buques pueden cumplir un rol “de uso dual” —civil y militar— que despierta inquietudes sobre recopilación de datos sensibles, como el mapeo de cables submarinos estratégicos o de infraestructura subacuática.
Oficios al Gobierno: ¿espionaje disfrazado de ciencia?
Desde el Congreso, el diputado Schubert no se quedó de brazos cruzados. A través de la Comisión de Relaciones Exteriores, ofició a la Cancillería para solicitar copia de los permisos otorgados, qué evaluaciones se hicieron y bajo qué condiciones se autorizó la llegada de estas naves a aguas chilenas. Asimismo, recurrió al Ministerio del Interior y a la ANI mediante la Comisión de Control del Sistema de Inteligencia del Congreso, exigiendo que se verifiquen eventuales riesgos para la seguridad nacional.
En su ofensiva parlamentaria, el legislador enfatizó que no busca emitir juicios apresurados, sino reforzar la prevención y el resguardo de la soberanía nacional. A juicio de Schubert, la vigilancia sobre embarcaciones con capacidades técnicas avanzadas que operan cerca de infraestructura crítica, cables submarinos o plataformas sensibles es una obligación del Estado, y no una opción.
Más allá de un solo puerto: ¿qué está en juego?
El Tan Suo Yi Hao atracó en Valparaíso el sábado 17 de enero, y según fuentes especializadas, su misión abarca estudios en 33 estaciones oceanográficas entre Atacama y Arica durante una extensa expedición en aguas chilenas. A bordo, además de sofisticados laboratorios geológicos, geofísicos y químicos, la nave puede operar con vehículos sumergibles no tripulados y técnicas avanzadas de sondeo acústico que, en manos de servicios de inteligencia, podrían obtener información codificada altamente estratégica.
A esta operación se suma la presencia de un submarino chino, cuya función oficial también estaría orientada a pruebas o apoyo a la misión científica. No obstante, la dualidad de estos artefactos ha sido señalada ya en otros contextos internacionales como motivo de cauto monitoreo por parte de Gobiernos y fuerzas navales occidentales.
Chile en la encrucijada geopolítica
Este episodio acontece en un contexto global donde potencias como China y Estados Unidos fortalecen su presencia e influencia en océanos y rutas comerciales estratégicas, mientras las legislaciones de inteligencia y seguridad se ajustan continuamente a amenazas emergentes. En este sentido, expertos han recordado que Chile, por su posición geográfica y estratégica, no puede limitarse a aceptar visitas técnicas sin evaluaciones profundas de impacto, como han sugerido analistas internacionales.
Reacciones cruzadas y expectativas futuras
Desde el Ejecutivo no se han emitido comentarios oficiales detallados por el momento, y se espera que los oficios entregados por Schubert sean respondidos en los próximos días, en el marco de sesiones de Comisión que podrían revelar información clasificada o sensible sobre este arribo. Entre tanto, en redes sociales, sectores políticos y especialistas han encendido el debate sobre soberanía marítima, uso de tecnologías avanzadas y la necesidad de transparencia en operaciones extranjeras dentro de aguas jurisdiccionales chilenas.
Entre ciencia y vigilancia
Lo que a simple vista podría parecer una expedición científica se ha convertido en un foco de tensión política y preocupación estratégica, con un Congreso que exige claridad, un Gobierno bajo escrutinio y una comunidad nacional pendiente de las implicancias que podrían trascender lo académico para tocar, incluso, fibras sensibles de la seguridad nacional.
En un mundo donde cada kilómetro de mar profundo es también un potencial tablero geopolítico, Chile se encuentra estudiando no solo el océano, sino también las intenciones que traen consigo estas grandes naves desde el otro lado del planeta.







