
Los datos entregados por el Instituto Nacional de Estadísticas confirman un escenario crítico en el trimestre julio-septiembre de 2026. La falta de trabajo golpea con mayor dureza a las mujeres, alcanzando un 10,5%, mientras que la industria manufacturera y los empleos formales sufren las caídas más severas.
Las cifras del empleo en el país terminaron por encender todas las alarmas en el sector económico y social. El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) confirmó que la tasa de desocupación nacional trepó al 9,8% en el trimestre móvil julio-septiembre de 2026, consolidando una tendencia al alza que venía asomando en los reportes anteriores.
El dato más duro del informe tiene nombre y apellido: Chile cruzó la barrera del millón de personas sin trabajo, sumando exactamente 1.007.976 desempleados. La cifra representa un salto de 1,3 puntos porcentuales en doce meses y deja en evidencia cómo la economía no está logrando absorber a quienes buscan una oportunidad laboral.
Las mujeres se llevan la peor parte de la desocupación
Al mirar la letra chica del boletín del INE, las brechas de género muestran un impacto desproporcionado. La tasa de desocupación femenina saltó al 10,5%, ubicándose muy por encima del promedio nacional y registrando un alza del 1,4% en comparación al mismo período del año pasado.
El número de mujeres desocupadas se disparó un 16,7%, empujado tanto por quienes perdieron su fuente de ingresos como por aquellas que salieron a buscar empleo por primera vez. En el caso de los hombres, el desempleo llegó al 9,3%, impulsado por una caída preocupante del 1,9% en la cantidad de trabajadores ocupados.
Freno en la industria manufacturera y caída en los puestos formales
¿Dónde se están perdiendo las plazas de trabajo? El informe del INE apunta directo a sectores productivos clave. La industria manufacturera sufrió un desplome del 8,1% en sus personas ocupadas, mientras que áreas como información y comunicaciones (-20,8%) y servicios financieros (-14,1%) anotaron retrocesos aún más profundos.
Lo alarmante de esta radiografía es que la destrucción de empleo está golpeando al corazón del trabajo estable. Los asalariados formales cayeron un 2,5% y los empleadores bajaron un 2,8%, demostrando que la pequeña y mediana empresa tampoco tiene margen para sostener contrataciones en el contexto actual.
Informalidad al alza y menos horas trabajadas en las jornadas
Con el trabajo formal a la baja, el refugio de miles de familias vuelve a ser el comercio informal o los emprendimientos por cuenta propia. La tasa de informalidad laboral subió al 26,4% a nivel nacional, afectando con mayor fuerza a las mujeres, donde alcanza un 28,2%.
A esto se suma un descenso directo en la cantidad de horas trabajadas. El promedio semanal cayó a 36 horas efectivas en el país. Por su parte, la Región Metropolitana tampoco escapa a este complejo panorama: la desocupación en la capital escaló al 10,4%, empujada por la fuerte contracción en las fábricas y las empresas de servicios.




