
La dos veces jefa de Estado rompió el silencio tras el portazo del Gobierno a su postulación en la ONU y confirmó que está dispuesta a competir nuevamente por La Moneda. Aseguró que no se quedará en la casa y que buscará frenar lo que considera eventuales retrocesos en derechos sociales y de las mujeres.
Sorprendió a todos. Tras semanas de especulaciones y luego del trago amargo que significó no contar con el respaldo del gobierno de José Antonio Kast para buscar la Secretaría General de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet soltó la bomba política del año. Consultada directamente en una entrevista con el canal regional TVU sobre si aplicaba el dicho de que «no hay segunda sin tercera», la exmandataria se tomó unos segundos y contestó entre risas: «Yo creo que sí… yo creo que sí».
Es la primera vez que la médica y excomisionada de la ONU dice con todas sus letras que contempla seriamente volver a competir por el sillón presidencial de cara a las elecciones de 2029. La declaración marca un giro rotundo en su discurso habitual, donde hasta ahora siempre había evitado pronunciarse sobre un eventual tercer periodo en el Ejecutivo.
«No me voy a quedar tejiendo»: el llamado a la unidad del progresismo
Más allá de la frase del momento, la expresidenta dejó en claro la motivación de fondo para no dar un paso al costado. Explicó que su foco principal estará en articular a todas las fuerzas de oposición para evitar la pérdida de conquistas sociales acumuladas en los últimos años.
«Me da terror que podamos retroceder en derechos que hemos logrado avanzar por muchos años», enfatizó Bachelet, haciendo un acento particular en la agenda de género y las libertades de las mujeres. Fiel a su estilo directo, ironizó con su futuro personal al señalar que «no voy a quedar tranquila tejiendo, por decirlo así. Bueno, la verdad es que nunca he tejido. Voy a seguir haciendo lo que yo pueda por la unidad de todas las fuerzas que queremos el progreso y no los retrocesos».
El impulso opositor tras el portazo del Ejecutivo en la ONU
El guiño presidencial de Bachelet no llega en un vacío. Se da solo días después del masivo acto de desagravio organizado por los partidos de oposición en La Pintana, donde la dirigencia progresista le brindó un cerrado respaldo tras la negativa del Presidente Kast a patrocinar su candidatura internacional en la ONU.
En ese encuentro en el sector sur de Santiago, la exjefa de Estado ya había avisado que «no se iría para la casa» y que mantendría un rol activo en la política local. Sin embargo, en esa jornada evitó referirse a la contienda presidencial. Con sus nuevos dichos, el escenario cambia drásticamente: su nombre vuelve a quedar instalado en la cúspide de las opciones de la centroizquierda para el próximo ciclo electoral.




