
El Comité de Evaluación Ambiental dio el visto bueno al proyecto que contempla cuatro millones de dólares de inversión y una capacidad inicial para tratar 450 toneladas diarias de basura. La planta operará durante 30 años en la Región de Arica y Parinacota, apuntando a la separación de materiales, el compostaje orgánico y la reducción drástica de la huella ecológica.
El manejo de los desperdicios en el norte grande acaba de dar un giro estratégico. La Comisión de Evaluación Ambiental aprobó oficialmente la Resolución de Calificación Ambiental (RCA) para la construcción y puesta en marcha del nuevo Centro de Gestión de Residuos de Arica.
Se trata de un proyecto de envergadura regional que movilizará una inversión privada y pública de US$4 millones y tendrá una vida útil proyectada de 30 años. En ese horizonte de tres décadas, las instalaciones recibirán más de siete millones de toneladas de basura domiciliaria y asimilable, absorbiendo en su primera etapa hasta 450 toneladas por día procedentes de los hogares ariqueños y de la Provincia de Parinacota.
Separación en origen, compostaje y el fin de la acumulación sin sentido
La planta no funcionará como un hoyo ciego donde se acopia basura sin control. La apuesta técnica apunta directamente a la economía circular y a la separación activa de los materiales.
Los residuos orgánicos que lleguen al recinto irán directo a procesos de compostaje, mientras que el material inorgánico pasará por líneas de clasificación automatizada y manual para rescatar plásticos, cartones, vidrios y metales. Solo lo que no tenga posibilidad alguna de reutilización o reciclaje irán a disposición final en celdas acondicionadas.
El objetivo operativo es drástico: achicar el volumen de desperdicios que termina enterrado en vertederos tradicionales, frenar la contaminación de suelos y proteger las escasas napas subterráneas de la zona.
Autoridad ambiental celebra el giro hacia la economía circular
Desde el Gobierno Regional valoraron el dictamen como un hito esperado para la gestión comunal. Fue el propio seremi del Medio Ambiente de Arica y Parinacota, Raúl Gil González, quien destacó el cambio de paradigma que traerá la infraestructura para vecinos y municipios:
«Es una instalación clave para recibir, clasificar, tratar y valorizar los desechos, evitando que terminen en vertederos o contaminen el entorno. Aporta una amplia protección ambiental, ya que reduce las emisiones de gases de efecto invernadero, evita la contaminación del suelo y de las fuentes de agua, y disminuye la huella ecológica, impulsando además la economía circular», remarcó la autoridad.
Gil González agregó que la medida cambia radicalmente el concepto cultural de «basura» por el de recursos aprovechables, ayudando a las municipalidades y empresas locales a cumplir con la exigente normativa ambiental vigente sin arriesgar multas ni sanciones.
Siguiente paso: permisos sectoriales antes de levantar las primeras vigas
Pese a que la venia ambiental ya está asegurada en el papel, el proyecto no partirá con las obras de inmediato. La empresa a cargo deberá tramitar ahora los permisos sectoriales específicos ante la Superintendencia del Medio Ambiente, la Seremi de Salud y los organismos de obras públicas.
Una vez superada la fase de recepción e ingeniería detallada, arrancará la fase de edificación del complejo y la habilitación de los accesos logísticos para los camiones recolectores.
Cierre planificado a 30 años y dos décadas de vigilancia postoperación
Uno de los puntos clave del informe ambiental es lo que pasará cuando el Centro cumpla su ciclo de vida útil. La iniciativa contempla desde ya un plan de cierre progresivo para reintegrar el terreno al paisaje natural del sector sin dejar pasivos ambientales.
Además, la normativa fijada por el Decreto Supremo N°189 exige una fase de seguimiento de 20 años posteriores al cierre. Durante dos décadas, los equipos técnicos deberán realizar monitoreos continuos del subsuelo, control de gases y medición de aguas para garantizar cero riesgos a la salud de las poblaciones vecinas.




