
Una nueva muerte confirmada por la Subsecretaría de Redes Asistenciales elevó a 13 el número de víctimas fatales tras la explosión de un camión que transportaba gas licuado en la Ruta 5 Norte, en la comuna de Renca. El accidente ocurrió el 19 de febrero, cuando el vehículo volcó y generó una deflagración que dejó además ocho personas hospitalizadas, varias de ellas en riesgo vital, mientras continúa la investigación sobre las causas del siniestro.
Cuando el reloj marcaba las 08:05 hrs del jueves 19 de febrero de 2026, una columna de humo blanco tomó por sorpresa a la comuna de Renca, en el norponiente de Santiago. Un camión cisterna que transportaba gas licuado de petróleo —de la empresa Gasco S.A.— perdió el control en la Ruta 5 Norte con avenida General Velásquez, volcó y desató un estallido que nadie olvidará.
Lo que comenzó como un accidente de tránsito se transformó en una tragedia de proporciones históricas: una deflagración de combustible que generó una bola de fuego de impacto insoportable, que barrió automóviles, espacios públicos y arrancó vidas humanas como si fueran hojas en un huracán.
La cifra que no deja de crecer: 13 vidas arrancadas por el fuego
Este sábado 28 de febrero la Subsecretaría de Redes Asistenciales confirmó un nuevo fallecimiento hospitalario, elevando a 13 la cifra de víctimas fatales por la explosión.
La persona que falleció estaba internada en el Hospital del Trabajador de la ACHS, luchando por sobrevivir a las gravísimas heridas que le provocó el siniestro. Las autoridades sanitarias, en su informe, expresaron condolencias profundas a familiares y seres queridos, comprometiéndose a mantener acompañamiento y apoyo frente a esta nueva y dolorosa pérdida.
Hasta ahora, ocho personas siguen hospitalizadas, distribuidas en distintos centros asistenciales:
- 3 en la Mutual de Seguridad,
- 3 en el Hospital del Trabajador (ACHS),
- 2 en la Clínica Indisa.
De ese grupo, cuatro pacientes permanecen estables dentro de su gravedad aunque aún en riesgo vital, y otros cuatro están en unidad de cuidados intermedios bajo vigilancia médica constante.
Cuerpos, humo y ceniza: cómo se vivieron los momentos del desastre
Testigos presenciales recuerdan una escena dantesca: el volcamiento repentino del camión, una nube de gas que se expandió en segundos, y una explosión tan violenta que se sintió hasta 300 metros a la redonda, rodeada de un ruido ensordecedor y una columna de fuego que se alzó como un espectro.
Bomberos convocados por decenas trabajaron durante horas para apagar las llamas que consumieron el camión y, en muchos casos, vehículos y motocicletas cercanas. La operación fue titánica, y movilizó también a Carabineros, equipos de emergencia y ambulancias.
Dolor colectivo y rituales de duelo
La magnitud humana de esta tragedia no se mide solo en números. Dos de las víctimas —una pareja motorizada que transitaba por el sector en el momento de la deflagración— fueron homenajeadas por la comunidad. El alcalde de Renca decretó tres días de duelo comunal en honor a Paulette Tello y Nicolás Soto, quienes tras el estallido perdieron la vida y dejaron un vacío profundo en su entorno.
El hombre detrás del volante, la ruta y las hipótesis
Aunque aún falta concluir la investigación, la fiscalía baraja como hipótesis principal que el conductor habría perdido el control del vehículo —posiblemente por exceso de velocidad— provocando el vuelco inicial. La fuga de gas licuado y la posterior ignición habrían desencadenado la explosión que devastó la zona.
La empresa Gasco S.A., propietaria del camión, emitió comunicados expresando consternación, ofreciendo condolencias a las familias y asegurando su voluntad de colaborar con las autoridades para esclarecer las causas del siniestro.
Hospitales, vidas en suspenso y una comunidad golpeada
Los testimonios desde los hospitales revelan un equilibrio precario entre esperanza y dolor. Pacientes con quemaduras graves, cuerpos dañados por la onda expansiva, y profesionales de la salud que trabajan contrarreloj para salvar vidas. Cada número en estas estadísticas representa un rostro, una familia, un proyecto interrumpido.
La explosión no solo ha dejado un saldo de víctimas y heridos; ha reabierto el debate sobre seguridad en el transporte de sustancias peligrosas, la regulación del tránsito de camiones con carga inflamable por zonas urbanas y la necesidad de protocolos preventivos robustos para evitar que hechos similares vuelvan a ocurrir.
Una ciudad que no olvida
Renca sigue viviendo las secuelas. No solo quedan marcas físicas en el asfalto o en las fachadas cercanas, sino un eco silencioso de tragedia que se escucha en cada rincón donde hubo vida y dolor. La cifra oficial, por ahora, queda en 13 víctimas fatales. Pero para familiares, vecinos y testigos, la herida aún está abierta.
El próximo informe de las autoridades podrá sumar más datos, más nombres, más historias que contar. Hasta entonces, esta explosión de gas licuado quedará —con justicia— como una cicatriz profunda en la memoria de la Región Metropolitana y de todo Chile.







