TRUMP RETIRA EL TRADICIONAL AIR FORCE ONE TRAS TREINTA Y CINCO AÑOS DE HISTORIA

Un histórico y estratégico vuelco en el transporte oficial de la Casa Blanca se materializó tras confirmarse el retiro definitivo de la actual aeronave presidencial Air Force One, la cual prestó servicios de manera ininterrumpida a los mandatarios de Estados Unidos durante 35 años. La administración del presidente Donald Trump se dispone ahora a utilizar, de forma temporal, un polémico Boeing 747 obsequiado por la familia real catarí, un aliado clave del gigante norteamericano en Medio Oriente.
El antiguo Boeing 747-200B —que adoptaba la denominación de radio de Air Force One únicamente al transportar al jefe de Estado estadounidense— efectuó su último trayecto oficial la madrugada de ayer. La nave fue la encargada de trasladar a Trump de regreso a Washington tras su participación en la cumbre del G7 en Francia y la posterior firma del preacuerdo con Irán en Versalles.
El cese de funciones del tradicional avión presidencial, que entró en operaciones bajo el mandato de George H. W. Bush, fue abordado con emotividad en las plataformas digitales del Ejecutivo. El director de Comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, escribió con orgullo en sus redes sociales «bien hecho, buen y fiel siervo. El último viaje», acompañando el mensaje con una fotografía de la mítica nave que se despide de las pistas tras más de tres décadas.
ARREGLOS EN TEXAS Y NUEVO DISEÑO TRICOLOR PARA EL RELEVO TEMPORAL
La incorporación de la aeronave catarí a la flota gubernamental surge como una estrategia de mitigación ante los severos retrasos de la empresa aeroespacial Boeing, la cual se encuentra construyendo los dos aviones definitivos encargados originalmente en el primer periodo de Trump. Respecto a los costos de habilitación del nuevo aparato, las autoridades del Pentágono sostienen que la remodelación de la nave recibida como obsequio tuvo un costo de 400 millones de dólares, cifra que se posiciona muy por debajo de los US$ 5.600 millones estimados para las naves oficiales que estarían listas hacia el año 2029.
Las modificaciones técnicas y las correspondientes pruebas de vuelo de este Boeing 747 fueron completadas el mes pasado por la Fuerza Aérea norteamericana en hangares de Texas. El renovado diseño rompe los esquemas tradicionales de la aviación política estadounidense, ya que el fuselaje ahora luce los colores rojo, blanco y azul, sustituyendo por completo la histórica estética celeste y blanca que caracterizó al poder norteamericano ante el mundo.
Pese a estar listo para el verano boreal, el aparato ha despertado fuertes cuestionamientos éticos y dudas sobre la seguridad de sus sistemas internos debido a su procedencia extranjera. Ante la incertidumbre sobre si la nave recibirá los permisos para misiones internacionales complejas, la Fuerza Aérea de Estados Unidos afirmó en una declaración pública que «el Grupo de Transporte Aéreo Presidencial seleccionará la aeronave adecuada para cada misión en función de los requisitos operativos», garantizando una coordinación estrecha con las entidades de inteligencia para salvaguardar la integridad del mandatario.




