
Lo que alguna vez fue un polo gastronómico y turístico emblemático del borde costero de Iquique, hoy muestra una imagen desoladora. En plena temporada estival, los stands de Caleta Los Verdes permanecen casi vacíos, con escasa circulación de visitantes y varios locales cerrados, en medio de una crisis que los comerciantes atribuyen a trabas administrativas, fiscalizaciones reiteradas y exigencias cambiantes por parte de las autoridades.
Según relatan los locatarios, el conflicto comenzó a agudizarse en septiembre del año pasado, cuando se iniciaron una serie de controles que alteraron el funcionamiento habitual del sector. Desde entonces, aseguran, la situación se transformó en un proceso desgastante que derivó en pérdidas económicas, multas y la salida de emprendedores históricos.
Uno de los impactos más visibles ha sido la drástica caída de clientes, especialmente grave en verano, periodo que tradicionalmente concentra la mayor actividad comercial. Muchos visitantes creen que la caleta está cerrada o que no está habilitada para atender público, lo que ha profundizado el abandono del lugar.



PERMISOS LIMITADOS Y TURISMO EN RETROCESO
Rina y Nathalie, locatarias de los stands, explicaron a Vilas Radio que pese a contar con un permiso municipal vigente, este solo autoriza la venta al paso, sin posibilidad de instalar mesas ni terrazas. Esta restricción, afirman, desincentiva la llegada de turistas y modifica por completo la experiencia que históricamente ofrecía el sector. “Nadie viaja para comer de pie”, sostienen.


A ello se suma la incertidumbre que genera el propio permiso, que contempla la eventual restitución del terreno si la autoridad lo solicita, dejando a los locatarios en una situación de permanente inestabilidad. “Así no se puede proyectar ni invertir”, advierten.
EXIGENCIAS CAMBIANTES Y DESGASTE ECONÓMICO
Otro punto crítico es el endurecimiento y modificación constante de las exigencias sanitarias. Los comerciantes aseguran haber realizado importantes inversiones con recursos propios, como la construcción de baños, la compra de fosas sépticas y la contratación de profesionales, debido a la falta de alcantarillado en la zona.
Sin embargo, denuncian que las condiciones han ido cambiando en el camino, pasando de aceptar sistemas autónomos de agua a exigir conexión a una red que el sector no posee. Esta situación ha generado un alto nivel de endeudamiento y frustración entre quienes intentan cumplir con todos los requerimientos.


Pese a participar en mesas de trabajo con distintas autoridades, los locatarios aseguran que no han obtenido soluciones concretas. La falta de coordinación entre organismos, dicen, ha terminado por profundizar la crisis.
Hoy, varios stands han bajado definitivamente sus cortinas y otros sobreviven con dificultades. Frente a este escenario, los comerciantes no descartan movilizaciones y hacen un llamado a las autoridades a destrabar los procesos que amenazan con el cierre de un espacio que, por décadas, fue parte de la identidad y el turismo local.







