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INTERVENDRÁN EL CAMPANARIO DEL SANTUARIO DE SAN LORENZO DE TARAPACÁ TRAS ÚLTIMOS SISMOS EN LA REGIÓN

Ante los temblores que han afectado a la zona en los últimos meses, autoridades y equipos técnicos acordaron el retiro preventivo de las campanas para alivianar la estructura. La medida busca evitar un colapso que ponga en riesgo a los habitantes y asegurar que la próxima festividad religiosa se desarrolle bajo estrictas normas de mitigación.

La preocupación por el estado del histórico Campanario de San Lorenzo de Tarapacá tras los movimientos telúricos de los últimos meses, ha movilizado una mesa técnica de emergencia. Autoridades regionales, el municipio, el Consejo de Monumentos Nacionales y la Dirección de Patrimonio se reunieron en la localidad para definir los pasos a seguir ante el evidente deterioro de la estructura.

La primera gran medida acordada es una intervención de emergencia que consistirá en la bajada de las campanas. Esta acción busca reducir el peso y la vibración en la torre, eliminando el riesgo de colapso ante un evento sísmico o estructural que pueda poner en peligro a los habitantes y visitantes del pueblo.

Prioridad: Una festividad segura

Con la mira puesta en la próxima fiesta de San Lorenzo, el compromiso de las autoridades es que las celebraciones se realicen en el pueblo, pero bajo estrictas medidas de mitigación.

«Queremos que se desarrolle nuestra festividad en el pueblo del Patrón, pero lo más significativo es la seguridad de los bailarines, de las familias y de quienes viven en Tarapacá. No pondremos en riesgo sus vidas«, señalaron los equipos técnicos tras el encuentro.

Fe y restauración

Mientras se ejecutan las medidas de mitigación, ya se trabaja en propuestas definitivas que serán consensuadas con la Iglesia y la comunidad. El plan contempla:

  • Proyecto de emergencia: Desmonte seguro de las campanas.
  • Plan de mitigación: Delimitación de zonas seguras para los bailes religiosos durante la fiesta.
  • Restauración definitiva: Gestiones para un proyecto integral que devuelva el esplendor al campanario.

«Esperamos que con la fe del ‘Lolo’ podamos desarrollar todas estas acciones de la mejor manera y tener la restauración prontamente», concluyeron los representantes, quienes hicieron un llamado a la comunidad a seguir las instrucciones de seguridad una vez que comiencen las obras en el templo.

Un legado de siglos

El origen del templo se remonta a la época colonial, cuando el pueblo de Tarapacá era un centro administrativo y religioso clave para el Virreinato del Perú. La arquitectura del campanario es un testimonio del estilo barroco andino, adaptado con materiales locales como el adobe, la piedra y la madera de algarrobo y cactus (cardón).

A lo largo de los siglos, el campanario no solo ha servido para marcar las horas de la vida rural, sino que sus bronces han tenido funciones vitales:

  • Voz de la Devoción: Sus repiques anuncian la llegada de las sociedades de bailes religiosos cada agosto.
  • Alerta Territorial: Históricamente, las campanas servían para avisar sobre crecidas de la quebrada («bajadas de río») o emergencias en el pueblo.
  • Centro de Sincretismo: Es el lugar donde la fe católica española se fundió con las tradiciones indígenas aymaras, dando vida al culto de San Lorenzo, el «Patrono de los Mineros».

Resiliencia ante la tragedia

No es la primera vez que la fe de Tarapacá se pone a prueba. El templo ha sufrido devastadores terremotos, siendo el de 2005 uno de los más recordados, que obligó a una reconstrucción mayor entregada en 2011. El campanario, en particular, es la pieza más vulnerable debido a su altura y al peso de las campanas, que ejercen una presión constante sobre los muros de tierra.

El valor del «Patrimonio Vivo»

Para los tarapaqueños, el campanario no es un museo; es un patrimonio vivo. Su importancia radica en que sigue siendo el escenario de la Fiesta de San Lorenzo, la segunda festividad religiosa más grande del norte tras La Tirana. La bajada de sus campanas, aunque necesaria por seguridad, es un hecho histórico doloroso pero valiente para asegurar que el templo siga en pie para las futuras generaciones.

Salvar el campanario es, en definitiva, salvar el punto de encuentro de miles de familias que, año tras año, vuelven a la quebrada para renovar su promesa ante el «Lolo».

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