
El Hospital Regional de Arica presentó oficialmente su Protocolo de Atención Inclusiva para Personas en el Espectro Autista, una iniciativa que incorpora apoyos sensoriales, adecuaciones ambientales y un sistema de identificación voluntaria para mejorar la atención en consultas, salas de espera y hospitalizaciones, reduciendo desregulaciones y garantizando accesibilidad universal.
En los pasillos de un hospital, el ruido nunca es inocente. Luces blancas, voces superpuestas, filas interminables y tiempos de espera impredecibles pueden transformarse en una verdadera prueba de resistencia. Para cientos de personas en el espectro autista —y sus familias—, una consulta médica no siempre comienza en la sala de atención, sino mucho antes: en la ansiedad, en la sobrecarga sensorial, en el temor a no ser comprendidos.
Con esa realidad como punto de partida, el Hospital Regional de Arica dio un paso decisivo y poco habitual en la red pública de salud: presentó oficialmente su Protocolo de Atención Inclusiva para Personas en el Espectro Autista, una herramienta diseñada para transformar la experiencia hospitalaria y garantizar una atención digna, accesible y respetuosa.
No es un gesto simbólico: es un cambio de práctica
La iniciativa fue presentada por Melany Márquez, fonoaudióloga del recinto y referente local de la Ley del Trastorno del Espectro Autista, quien explicó que el protocolo no se limita a buenas intenciones, sino que introduce medidas concretas y operativas que ya comienzan a implementarse dentro del hospital.
Entre ellas destacan la incorporación de cajas sensoriales, adecuaciones en los espacios físicos, apoyos diferenciados desde el momento del ingreso, cambios en salas de espera y durante procesos de hospitalización. Biombos separadores, zonas de calma y reducción de estímulos visuales y auditivos forman parte de un enfoque que busca prevenir desregulaciones emocionales y conductuales antes de que ocurran, y no reaccionar cuando el conflicto ya está instalado.
Hoy, el desafío inmediato del hospital es que este protocolo sea conocido y comprendido por toda su comunidad interna. Por eso, el establecimiento se encuentra en plena fase de difusión y capacitación entre funcionarias y funcionarios, entendiendo que la inclusión real depende tanto de la infraestructura como del trato humano.
Un lanyard que habla sin necesidad de explicaciones
Uno de los elementos más innovadores del protocolo es la implementación de un lanyard de identificación, una credencial voluntaria que puede ser solicitada por las familias y personas usuarias a través de un código QR disponible en las redes sociales del hospital.

Este lanyard permite que el equipo de salud identifique de forma inmediata y respetuosa que una persona puede requerir apoyos específicos: sensibilidad al ruido, dificultad para tolerar aglomeraciones, necesidad de más tiempo, espacios diferenciados o adecuaciones ambientales. También entrega información clave sobre el modo de comunicación preferente, facilitando interacciones más claras, calmadas y efectivas.
El objetivo es simple, pero profundo: evitar que las familias tengan que explicarse una y otra vez, justificar conductas o enfrentar miradas de incomprensión. Con esta herramienta, el personal puede actuar de forma proactiva, ofreciendo apoyo sin preguntas incómodas ni exposiciones innecesarias.
Cifras que muestran una necesidad mucho mayor
En una primera etapa, el hospital entregó cerca de 100 lanyards, dirigidos principalmente a usuarios que actualmente se atienden en el área de fonoaudiología. Sin embargo, los propios registros del establecimiento estiman que al menos 400 personas podrían beneficiarse directamente de esta herramienta, sin contar a quienes aún no están incorporados en los sistemas formales.
Por esta razón, el llamado es claro: escaneando el código QR, cualquier familia puede informarse, completar el formulario de inscripción y acceder al lanyard, permitiendo que la información llegue directamente al equipo responsable y ampliando el alcance del protocolo en el corto plazo.
Inclusión sin imposición
Desde el hospital subrayan un punto clave: el lanyard no es obligatorio, no constituye un diagnóstico y nadie puede exigir su uso. Es una herramienta voluntaria, pensada para ser utilizada solo cuando la persona o su familia lo estimen necesario.
Su función es facilitar la atención, reducir tiempos de espera cuando sea posible y adaptar la experiencia hospitalaria a las necesidades individuales, en coherencia con el principio de accesibilidad universal que inspira el protocolo.
Un hospital que aprende a escuchar
Con esta iniciativa, el Hospital Regional de Arica no solo cumple con una normativa legal. Da una señal potente: que la salud pública puede —y debe— adaptarse a la diversidad, entendiendo que la inclusión no es un favor, sino un derecho.
Porque a veces, mejorar la atención no requiere grandes tecnologías. Basta con bajar el volumen, cambiar el enfoque y aprender a mirar distinto.







