
La investigación, que evaluó a cerca de 800 estudiantes de entre 8 y 18 años, reveló que las niñas presentan peores indicadores emocionales, liderando los índices de depresión, ansiedad y problemas de control de ira. Expertos urgen a implementar planes de apoyo psicopedagógico inmediato al interior de los colegios de la región.
Un complejo diagnóstico respecto al bienestar emocional de las comunidades educativas se encendió en el extremo norte del país. Un revelador y riguroso estudio desarrollado por la Universidad de Tarapacá (UTA) encendió las alarmas institucionales al detectar profundas brechas de género en la salud mental de los escolares de la comuna de Arica, evidenciando una urgente necesidad de robustecer las redes de apoyo y contención psicológica al interior de los recintos educativos de la zona.
La investigación, titulada de forma homónima “Brechas de Género en Salud Mental: Desafíos y Oportunidades en el Ámbito Educativo”, consideró una muestra transversal de cerca de 800 estudiantes de entre 8 y 18 años de edad. El trabajo de campo fue liderado de manera directa por la destacada académica e investigadora de la UTA, Alejandra Caqueo, y se focalizó en describir detalladamente los factores de riesgo y vulnerabilidad psicológica que afectan a niños, niñas y adolescentes (NNA) en el contexto geopolítico y social del extremo norte de Chile.
El análisis abarcó a escolares matriculados en niveles que van desde 4° Año de Educación Básica hasta 4° Año de Enseñanza Media. Al respecto, la investigadora principal fue categórica en plasmar las conclusiones del informe: “Básicamente, las niñas presentan peores indicadores de salud mental en contraposición de los niños, más aún en áreas que históricamente los niños puntuaban más alto, como ‘control de la ira’”, advirtió la académica Alejandra Caqueo, instando a las autoridades de salud y educación a tomar cartas en el asunto.
El desglose de la crisis: Problemas interiorizados golpean a las estudiantes
El cruce de datos del informe arrojó una marcada tendencia respecto a cómo se manifiestan los trastornos según el sexo de los escolares. Tanto en la educación básica como en la enseñanza media, las niñas exhibieron índices significativamente mayores en cuanto a problemas interiorizados. Este espectro clínico abarca patologías silenciosas pero destructivas, tales como cuadros de depresión, crisis de ansiedad, fobia o ansiedad social, quejas somáticas (dolores físicos de origen psicológico), sintomatología postraumática y conductas asociadas a la obsesión-compulsión.
En la contraparte, al evaluar los denominados problemas exteriorizados —aquellos que se manifiestan de forma conductual hacia el entorno—, las conclusiones mostraron dinámicas diferenciadas:
- Dificultades de atención: Se posicionaron como la complicación más común y transversal en el aula, no registrándose diferencias significativas entre hombres y mujeres.
- Conducta en Enseñanza Media: En los niveles superiores, los varones presentaron mayores niveles de agresión y conducta antisocial, rompiendo las normas establecidas.
- El factor sorpresa: Rompiendo con los sesgos históricos de género, las adolescentes anotaron mayores problemas ligados al control de la ira que sus pares varones, reflejando una alta carga de frustración y estrés contenido.
Entorno familiar y escolar: Los detonantes contextuales
Respecto a las variables de origen ambiental o problemas contextuales, el estudio de la Universidad de Tarapacá no halló brechas numéricas considerables entre sexos, pero sí logró mapear con nitidez cuáles son las principales fuentes de conflicto que gatillan el menoscabo emocional de los jóvenes ariqueños. De acuerdo con el reporte, las complicaciones más agudas de los escolares nacen de los problemas con el núcleo familiar, seguidos estrechamente por estresores vinculados a la escuela y los roces de convivencia con sus compañeros de curso (bullying o aislamiento).
Ante este crudo panorama de vulnerabilidad juvenil postpandemia, la comunidad académica y de salud mental de la Región de Arica y Parinacota recalcó la necesidad perentoria de generar planes de intervención de urgencia y apoyos emocionales estructurados desde los mismos establecimientos. La meta es transitar desde una respuesta reactiva hacia una política de prevención temprana, capacitando a los equipos docentes y de convivencia escolar para detectar a tiempo las señales de auxilio, especialmente en la población femenina, resguardando así el desarrollo integral de las futuras generaciones del norte grande.




