
Una esperada intervención preventiva comenzó a ejecutarse en el Santuario de San Lorenzo de Tarapacá, donde se dieron inicio a los trabajos de contención y mitigación de riesgo en la estructura del campanario. Las faenas buscan garantizar la seguridad de miles de personas que arribarán al poblado con motivo de la fiesta patronal de agosto, permitiendo además reducir el perímetro de aislamiento a solo un metro y medio para liberar la vía de evacuación y el tránsito de los bailes religiosos.
El proyecto contempló el despliegue de un enmallado perimetral de reforzamiento diseñado para retener desprendimientos del revoque exterior, además del retiro preventivo de la granada superior y de una de las campanas que presentaba daños. Según los informes técnicos elaborados previa fiscalización, la estructura no presenta riesgo de colapso al estar construida sobre hormigón armado, quedando la protección proyectada para un margen de 6 a 10 años, a la espera del proyecto definitivo de restauración patrimonial del templo.

Respecto a la finalidad técnica de las obras y los resguardos contemplados en el edificio patrimonial, el párroco y rector del Santuario San Lorenzo de Tarapacá, padre Benito Tapia Espinosa, explicó que «la primera fase es la que se está viviendo ahora ya, que es de mitigar el peligro de desprendimiento de todo lo que puede ser desde la parte externa del campanario. Viene todo un tema de reforzamiento con un tipo de malla para evitar que cualquier piedra, cualquier estuco que se caiga del campanario vaya directo a la gente. Esto mitiga inmediatamente la posibilidad de peligro de accidente».
En esa misma línea, sobre la remoción preventiva de piezas y la solidez del inmueble, el sacerdote detalló que «en este proyecto está incluido bajar la granada y bajar una campana porque está dañada; todo ello va a quedar guardado para cuando se ejecute el proyecto de un trabajo profundo. No hay peligro de colapso del edificio porque está hecho en una base de hormigón armado muy firme, y este proyecto de mitigación es de emergencia pensando de 6 a 10 años cuando ya se ejecute la reparación profunda».
ESTRICTO CONTROL DE ACCESO
En cuanto a la operatividad del recinto durante los festejos religiosos, la administración eclesiástica confirmó que el acceso a la torre estará estrictamente controlado, limitando el ingreso a un máximo de dos personas designadas para el tradicional toque de campanas, restringiendo la subida de público general para el lanzamiento de globos u otras actividades.
Sobre estas restricciones fijadas para el desarrollo de la festividad, el sacerdote rector del santuario precisó que «para el día de fiesta hay que olvidarse de que puede subir cualquier persona. Como queda todo esto restringido, no van a poder subir más de dos personas que van a ser designadas para el toque de campana, y eso está muy restringido y controlado en la puerta de acceso al campanario».
Asimismo, el rector indicó que sobre la liberación de espacio público y el fin de los trabajos antes del arranque litúrgico, «el enmallado va a una distancia como de medio metro a un metro del campanario, lo que achica mucho el espacio de no transitar y facilita que la calle quede dispuesta como vía de evacuación y a disposición de los peregrinos y los bailes. La certeza que tenemos es que el día 4 de agosto, cuando iniciamos la fiesta con la Eucaristía, va a estar todo dispuesto«.






