
La Selección Nacional cayó 4-2 frente al combinado norteamericano en St. Louis, Misuri, cerrando su gira internacional con sensaciones agridulces. Pese a que la Roja desplegó pasajes de alto vuelo en ataque de la mano de un encendido Darío Osorio y llegó a estar en ventaja, las licencias defensivas y la falta de solidez en la retaguardia terminaron sellando una dura derrota para el equipo de Nicolás Córdova.
Tras la caída por la mínima ante Canadá y con las sensibles ausencias de Gabriel Suazo y Lucas Cepeda, la Roja salía al césped del Energizer Park con la misión de probar variantes. Nicolás Córdova no dudó en mover la pizarra y conformó una alineación inédita: reunió desde el arranque a tres futbolistas nacidos en Europa —Lawrence Vigouroux, Nils Reichmuth y Ben Brereton— sumando además la frescura juvenil de Diego Ulloa y Felipe Faúndez en los laterales.
El tridente ofensivo integrado por Osorio, Brereton y Maximiliano Gutiérrez saltó a presionar bien arriba la salida de la escuadra dirigida por Mauricio Pochettino. Durante los primeros diez minutos, la propuesta chilena funcionó: el equipo apretó los espacios, recuperó alto y provocó desacomodos en el fondo estadounidense.
Vigouroux al rescate y el show de Darío Osorio en campo rival
La primera alarma seria en el arco chileno llegó a los 13 minutos tras un descuido en un tiro libre, pero Vigouroux reaccionó con un manotazo notable para ahogar el grito de gol local. A partir de ahí, el partido se transformó en un ida y vuelta vertiginoso donde Darío Osorio tomó la batuta. El atacante del Crystal Palace encaró, probó de media distancia y hasta casi sorprende con un tiro de esquina que exigió al meta Chris Brady.
Entre los 32 y los 35 minutos, Chile vivió sus mejores momentos. Una habilitación milimétrica de Osorio dejó solo a Reichmuth, cuyo remate fue desviado al córner por el arquero. Segundos después, un derechazo potente de Ben Brereton reventó el travesaño y, en la jugada siguiente, el propio Osorio estrelló otro balón en el vertical. La Roja merecía el primero, pero la falta de finiquito le terminó pasando la cuenta.
Golpazo local y la justa respuesta de Ulloa antes del descanso
Cuando la Selección jugaba mejor, vino el balde de agua fría. A los 37 minutos, Sergiño Dest desarmó la banda derecha chilena con una maniobra individual y cedió para Sebastian Berhalter, quien apareció sin marca en el segundo palo para batir a Vigouroux y decretar el 1-0.
El golpe fue duro, pero el equipo nacional no bajó los brazos. En la última jugada del primer tiempo, a los 45+2′, Osorio ejecutó otro córner muy cerrado que provocó un rebote corto del meta local. Diego Ulloa estuvo atento a la segunda jugada y sacó un remate certero dentro del área para poner el 1-1, mandando la historia al descanso con bastante más justicia.
Del golazo de Maxi Gutiérrez a la fragilidad en el área propia
El complemento arrancó con la Roja encendida. A los 49 minutos, Maximiliano Gutiérrez recibió por la izquierda, recortó hacia hacia adentro sacándose la marca de Berhalter y metió un derechazo al ángulo imposible para el recién ingresado Brian Schwake. Un 2-1 que premiaba la audacia chilena en terreno rival.
Sin embargo, la alegría duró un suspiro. Solo tres minutos después, a los 52′, Julian Hall aprovechó las ventajas de la zaga central y conectó un cabezazo esquinado para marcar el 2-2. A pesar del carrusel de cambios en ambos bancos, la pasividad en la marca volvió a pasarle la cuenta a la escuadra nacional. A los 71′, Chris Richards le ganó la posición a Paulo Díaz —quien terminó lesionado en la jugada— y puso de cabeza el 3-2 tras un tiro de esquina.
Desenlace con descontrol y lecciones para el recambio
Con el marcador en contra, la Selección se fue con más ganas que ideas en busca de la igualdad. Sin embargo, en los minutos finales, Mathis Albert apareció completamente destapado tras una jugada preparada en un tiro libre para sentenciar el 4-2 definitivo.
El conato de trifulca en el pitazo final reflejó la impotencia de un plantel que mostró pasajes de buen fútbol, tenencia y agresividad ofensiva, pero que pagó un precio demasiado alto por sus desatenciones defensivas. Un examen exigente para el proceso de recambio que encabeza Córdova, dejando lecciones claras sobre la concentración que exige el primer nivel internacional.




