
El Presidente Gabriel Boric criticó duramente al Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu tras la muerte de un niño palestino en la Franja de Gaza, calificando los hechos como crímenes y responsabilizando al gobierno israelí por el fallecimiento de civiles en medio de la ofensiva militar contra Hamas, lo que generó inmediatas repercusiones diplomáticas.
La tensión cruzó continentes. Desde La Moneda hasta Medio Oriente, una frase encendió la pólvora política: “asesinos y criminales”. El Presidente de Chile, Gabriel Boric, lanzó una dura arremetida pública contra el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, tras la muerte de un niño palestino en el marco de los bombardeos y operaciones militares en la Franja de Gaza.
El mandatario chileno no utilizó eufemismos. En una declaración difundida a través de sus redes sociales y replicada por medios internacionales, condenó el hecho calificándolo como inaceptable y apuntó directamente a la conducción del gobierno israelí.
EL HECHO QUE DESATÓ LA FURIA
La muerte del menor ocurrió en medio de intensos enfrentamientos entre fuerzas israelíes y grupos armados palestinos en Gaza, territorio controlado por Hamas, organización considerada terrorista por Israel, Estados Unidos y la Unión Europea.
Según reportes de organismos internacionales y autoridades sanitarias palestinas, el niño habría fallecido producto de un bombardeo en zona residencial. Israel, por su parte, ha sostenido reiteradamente que sus operaciones apuntan a infraestructura y objetivos vinculados a Hamas, acusando a la organización de utilizar áreas civiles como escudos humanos.
La tragedia volvió a instalar en el centro del debate global el costo humano del conflicto.
LA DECLARACIÓN QUE REMECIÓ LA DIPLOMACIA
El Presidente Boric fue categórico: condenó lo que calificó como asesinatos de civiles, particularmente de niños, en el contexto de la ofensiva militar israelí. Sus palabras generaron inmediata reacción tanto en círculos diplomáticos como en la comunidad internacional.
Desde el gobierno israelí no tardaron en responder. Voceros oficiales defendieron el derecho de Israel a la legítima defensa frente a ataques de Hamas y cuestionaron el tono utilizado por el mandatario chileno.
La controversia no es menor. Chile alberga una de las comunidades palestinas más grandes fuera del mundo árabe, lo que históricamente ha influido en su postura política frente al conflicto en Medio Oriente.
UN CONFLICTO QUE NO CEDE
El enfrentamiento entre Israel y Hamas se ha intensificado en los últimos meses, con un aumento significativo de víctimas civiles, desplazamientos masivos y una crisis humanitaria que ha sido denunciada por organismos como la ONU y diversas ONG internacionales.
Las cifras son devastadoras: miles de fallecidos y heridos, infraestructura crítica destruida y una población atrapada entre bombardeos, escasez de agua, alimentos y electricidad.
La muerte del menor palestino se convirtió en símbolo de ese drama.
IMPACTO POLÍTICO EN CHILE
Las declaraciones del Presidente Boric no pasaron inadvertidas en el escenario interno. Mientras sectores oficialistas respaldaron su postura en defensa de los derechos humanos, voces opositoras cuestionaron el tono y advirtieron sobre posibles consecuencias diplomáticas.
Chile mantiene relaciones diplomáticas con Israel, aunque en los últimos años ha elevado el nivel de crítica frente a la expansión de asentamientos en territorios ocupados y al uso de la fuerza en Gaza.
La nueva declaración podría tensionar aún más ese vínculo.
DERECHOS HUMANOS EN EL CENTRO
El mandatario chileno ha insistido en que su posición se fundamenta en la defensa irrestricta del derecho internacional humanitario y la protección de civiles, especialmente niños.
El conflicto, sin embargo, está lejos de resolverse. Cada ofensiva militar, cada ataque con cohetes, cada represalia, profundiza una espiral que parece no tener fin.
UNA FRASE QUE RETUMBA
“Asesinos y criminales” no es una expresión diplomática habitual. Es una declaración que marca posición y que instala a Chile en el debate global sobre la guerra en Gaza.
Mientras el mundo observa con preocupación el desarrollo del conflicto, la pregunta que queda flotando es si las palabras pueden influir en un escenario donde las armas siguen hablando más fuerte que los discursos.







