
En una jornada técnica histórica en el valle de Azapa, delegaciones de Chile y Perú intercambiaron estrategias de control y detección temprana. El esfuerzo binacional busca proteger la producción agrícola de ambos países frente a la amenaza de la Ceratitis capitata.
La agricultura del extremo norte de Chile y el sur del Perú ha dado un paso decisivo hacia la protección de sus valles. En un esfuerzo de cooperación internacional sin precedentes, una delegación compuesta por 25 productores y representantes del Servicio Nacional de Sanidad Agraria (SENASA) de Tacna visitó los predios del valle de Azapa para fortalecer el trabajo conjunto frente a la plaga de la mosca de la fruta.
Cooperación técnica de alto nivel
La jornada se materializó gracias al impulso de la Agencia Chilena de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AGCID) y la Agencia Peruana de Cooperación Técnica Internacional (APCI), contando además con el respaldo estratégico del Gobierno Regional de Arica y Parinacota.
Durante el recorrido por los predios agrícolas, los participantes pudieron conocer de primera mano las metodologías implementadas por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de Chile. El foco de la instrucción estuvo puesto en tres pilares fundamentales para la sanidad vegetal: detección temprana, sistemas de trampeo y técnicas de muestreo, elementos críticos para evitar la propagación de la plaga.
El valor del intercambio en terreno
El director regional del SAG, Álvaro Alegría Matus, destacó la relevancia de esta jornada única de trabajo, señalando que permitió expresar de forma práctica cómo se controla la mosca en Arica hacia productores de las zonas baja, media y alta de Tacna.
Por su parte, Sócrates Fernández, director ejecutivo de Senasa Tacna, calificó la visita como «altamente calificada», subrayando que el control integrado que realiza el SAG Chile representa una oportunidad valiosa para recoger experiencias y aplicarlas directamente en las zonas productivas de la región fronteriza peruana.
Un desafío común para la exportación
La industria olivícola y de aceituna de mesa también tuvo una voz protagónica en este encuentro. Liris Monasterio, gerenta de la asociación Pro Olivo del Perú, enfatizó que articular esfuerzos es vital, ya que esta plaga afecta gravemente la economía de los agricultores al limitar el acceso a mercados internacionales.
Esta instancia no solo permitió el traspaso de conocimientos técnicos, sino que también visibilizó la problemática de los productores ante las máximas autoridades sanitarias de ambos países, reforzando la idea de que las fronteras no deben ser un obstáculo para la sanidad agraria.
Hacia un control sostenible
El encuentro concluyó con el compromiso de mantener una comunicación fluida y estratégica. La meta final es avanzar hacia un control más efectivo y sostenible de la mosca de la fruta, protegiendo así el patrimonio fitosanitario de dos territorios que comparten clima, geografía y, sobre todo, una profunda tradición agrícola.




