
Con una obra de arte única confeccionada íntegramente en metal, se rindió homenaje a la devoción de los miles de peregrinos que transitan hacia el histórico pueblo. La figura, donada a la comunidad, busca reforzar la identidad religiosa y cultural de la zona.
La Ruta A-665, principal arteria que conecta Pozo Almonte con el histórico pueblo de La Tirana, cuenta desde hoy con un nuevo hito que no solo busca guiar el camino, sino también inspirar la oración. En una significativa ceremonia de bendición, el padre Eduardo Parraguez Fernández, rector del Santuario de La Tirana, realizó el acto litúrgico que consagra la nueva figura del Cristo instalada en el cruce hacia la localidad.
La obra, que destaca por su singular técnica de construcción, fue confeccionada exclusivamente a partir de cadenas, un material que, en la visión de su creador, simboliza tanto la fuerza como la unión de la fe de un pueblo. La escultura, donada por Pedro Romero Concha, se erige como un tributo silencioso y permanente a la entrega de los miles de fieles que, año tras año, recorren estos caminos para expresar su devoción a la Virgen del Carmen.
Fe e identidad en el Tamarugal
Durante el acto de bendición, se destacó el profundo valor identitario de este monumento. «Esta es una obra que habla de nuestra historia y de nuestra gente», señalaron los asistentes, subrayando que la pieza no solo es un elemento decorativo, sino un componente vital para fortalecer el patrimonio y la identidad religiosa que caracteriza al pueblo de La Tirana y a toda la Región de Tarapacá.
En representación de la Ilustre Municipalidad de Pozo Almonte y del alcalde Richard Godoy Aguirre, participó de la jornada Leandro Olivares Opazo, quien valoró el aporte del donante y el significado de integrar elementos culturales que reflejen la esencia del desierto.


Un hito para el peregrino
La ubicación de la figura en el cruce de la Ruta A-665 no fue al azar. Al ser un punto estratégico de tránsito para los peregrinos, se espera que este Cristo de cadenas se convierta en una parada de reflexión y descanso para quienes inician o culminan su travesía hacia el santuario.
Con esta instalación, el paisaje del Tamarugal suma un nuevo emblema que resalta la importancia de las tradiciones populares y la fe como pilares fundamentales de la convivencia local. La figura de metal, resistente a las inclemencias del desierto, queda desde hoy al cuidado de la comunidad, invitando a los transeúntes a detenerse un momento en su ruta para conectar con la espiritualidad que define a esta zona del norte de Chile.




