
Las denominadas “banderas verdes” y el lema “Para seguir viviendo” marcaron durante años la lucha ciudadana que exigía un centro oncológico para Tarapacá, transformándose en uno de los movimientos sociales de salud más emblemáticos de la región.
Hubo años de marchas bajo el sol. Hubo banderas verdes flameando en Plaza Prat, firmas reunidas en las calles y pacientes obligados a viajar cientos de kilómetros para intentar sobrevivir. Hubo reuniones, puertas cerradas, promesas incumplidas y también lágrimas. Muchas lágrimas.
Por eso, cuando Rafael Montes González tomó la palabra para anunciar que la construcción del Centro Oncológico de Iquique está terminada y próxima a ser entregada al Servicio de Salud, no habló solo un dirigente gremial. Habló uno de los rostros más persistentes de una lucha ciudadana que tardó más de dos décadas en transformarse en realidad.
“Hoy damos por finalizada la lucha por el Centro Oncológico Doctor Ramsés Aguirre Montoya”, expresó emocionado el presidente de la Corporación Oncológica del Norte, y también presidente de la Cámara de Comercio de Iquique, confirmando que el recinto será entregado en los próximos días para comenzar su etapa final de habilitación.
Pero junto a la satisfacción, también apareció la ausencia.

“Será triste la inauguración del centro oncológico sin él”, dijo Montes al recordar al fallecido médico iquiqueño doctor Ramsés Aguirre Montoya, impulsor original del proyecto y uno de los primeros en levantar la necesidad urgente de contar con un recinto especializado para pacientes con cáncer en Tarapacá.
Una idea nacida desde el dolor y la necesidad
Mucho antes de que existieran maquinarias, presupuestos o diseños arquitectónicos, el proyecto comenzó como una demanda social impulsada por pacientes, familias y dirigentes locales.
Durante años, cientos de personas diagnosticadas con cáncer en Tarapacá debieron viajar a Antofagasta o Santiago para acceder a tratamientos de radioterapia, quimioterapia y atención especializada, enfrentando extensos traslados, gastos económicos y una profunda carga emocional.
Fue en ese contexto donde surgió la figura del doctor Ramsés Aguirre junto a Rafael Montes y la Corporación Oncológica del Norte, quienes comenzaron una campaña que con el tiempo se transformó en una verdadera cruzada regional.
La iniciativa avanzó lentamente entre estudios técnicos, cambios de gobierno, solicitudes presupuestarias y gestiones políticas que se extendieron por más de 20 años.

Las banderas verdes y la presión social
En Tarapacá, la demanda por un centro oncológico dejó hace mucho tiempo de ser una discusión técnica. Se convirtió en una causa ciudadana.
Montes recordó especialmente el rol de dirigentes y voluntarios que sostuvieron públicamente la presión social para que el proyecto no quedara archivado.
“Fue una lucha que hoy ha terminado”, señaló Montes, agradeciendo a quienes acompañaron las movilizaciones durante años.
El dirigente social y gremial, reconocido además como Hijo Ilustre de Iquique, asumió durante décadas un rol clave en la articulación política y ciudadana del proyecto, encabezando reuniones con autoridades, ministerios y parlamentarios para conseguir financiamiento, y acelerar los procesos administrativos.

Un proyecto esperado por toda la macrozona norte
El nuevo Centro Oncológico Doctor Ramsés Aguirre Montoya se construyó junto al Hospital Regional Ernesto Torres Galdames de Iquique y forma parte del proyecto “Habilitación y Mejoramiento de la Red Oncológica de Tarapacá”.
La infraestructura contempla más de 4.700 metros cuadrados distribuidos en cuatro niveles clínicos y un piso técnico, incluyendo modernas áreas de radioterapia, quimioterapia y medicina nuclear.
Entre los equipos considerados para el recinto destacan aceleradores lineales, un TAC de simulación, equipos SPECT-CT, laboratorios especializados y una unidad de quimioterapia con 20 sillones clínicos.
Las distintas etapas del proyecto tuvieron modificaciones presupuestarias a lo largo de los años. Inicialmente se estimó una inversión cercana a los 14 mil millones de pesos en 2018, cifra que posteriormente aumentó hasta superar los 35 mil millones considerando obras civiles, equipamiento, consultorías y habilitación tecnológica.
La construcción comenzó oficialmente durante 2024 y, según autoridades sanitarias, presentó adelantos importantes respecto de los plazos iniciales.

“Para seguir viviendo”
La frase se transformó en símbolo de toda esta campaña ciudadana.
“Para seguir viviendo” fue el eslogan que acompañó durante años las caminatas, actividades públicas y manifestaciones organizadas por agrupaciones oncológicas y familias afectadas por la enfermedad.
Por eso, el anuncio realizado por Rafael Montes tiene una carga emocional que supera lo institucional.
No se trata únicamente del término de una construcción. Para muchos pacientes y familias de Tarapacá y Arica, representa el fin de décadas de abandono sanitario y la esperanza de recibir tratamiento cerca de casa.
El propio Montes lo resumió en un mensaje marcado por la emoción y la memoria.
“La felicidad para nosotros es enorme, pero también triste, porque no estará con nosotros el doctor Ramsés Aguirre Montoya”, expresó.
Y agregó, “El nombre de él se perpetuará para siempre en nuestra región, porque el centro oncológico llevará su nombre”.

Emergencia oncológica y nuevas expectativas
El anuncio coincide además con el debate nacional sobre la crisis de atención del cáncer en Chile y las medidas impulsadas por el Gobierno para enfrentar listas de espera, acelerar diagnósticos y tratamientos.
En Tarapacá, la futura puesta en marcha del recinto genera altas expectativas debido a que permitirá evitar traslados masivos de pacientes hacia otras regiones y mejorar significativamente la capacidad resolutiva del sistema público en el norte del país.
Durante años, uno de los principales reclamos de las familias fue precisamente el impacto humano y económico de tener que abandonar la región para acceder a tratamientos complejos.
Con el nuevo centro, se espera que pacientes de Tarapacá e incluso de Arica puedan atenderse directamente en Iquique.
Una inauguración marcada por la memoria
Aunque todavía resta la etapa de entrega formal y habilitación sanitaria, el anuncio realizado esta semana marca un punto histórico para la salud pública regional.
Porque detrás del edificio, las cifras y la infraestructura, existe también una historia profundamente humana: la de pacientes que murieron esperando, familias que lucharon durante años y dirigentes sociales que transformaron una demanda ciudadana en uno de los proyectos sanitarios más importantes del norte de Chile.
Y en esa historia, el nombre de Ramsés Aguirre quedó definitivamente unido al futuro oncológico de Tarapacá.




