
Lo que nació como un plan municipal para erradicar la instalación de rucos mediante el copamiento con arbustos y pasto, terminó convirtiéndose en la «cara triste» de Iquique. Hoy, el perímetro de la Escuela Gabriela Mistral —que abarca desde Libertad hasta 12 de Febrero— en un escenario de abandono donde los estudiantes de kínder y pre-kínder deben esquivar la insalubridad para llegar a sus salas.
A las ocho de la mañana, el panorama es desolador: botellas de alcohol, latas de cerveza y restos de orina se acumulan en los jardines exteriores. La denuncia ciudadana es clara: si las auxiliares de aseo del propio establecimiento no salen a limpiar la calle, los desechos permanecen allí, convirtiéndose en un foco de infección permanente para la comunidad educativa.
TESTIMONIOS: ENTRE EL MIEDO Y LA INDIGNACIÓN
“Todos los días encontramos todo sucio”, relata Rosario, abuela de un alumno, quien apunta directamente a la gestión del aseo urbano. “Depende de la municipalidad venir a hacer el aseo, no solamente del colegio”, reclama, evidenciando una falta de mantención que afecta la dignidad de los menores.

La inseguridad también se ha tomado el espacio público. Lucía, apoderada del sector, advierte que las familias ya no pueden utilizar las máquinas de ejercicio ni los juegos infantiles debido a la presencia constante de personas consumiendo sustancias. «No podemos estar tranquilos… el entorno no colabora», sentencia, reflejando el sentimiento de desprotección que impera en el barrio.
PELIGRO EN LAS PLAZAS: JUEGOS CON PROHIBICIÓN DE USO
El deterioro físico alcanza su punto crítico en la intersección de José Miguel Carrera con Óscar Bonilla. Allí, los columpios y resbalines presentan daños estructurales graves, con señalética de «prohibido usar» que confirma el peligro latente.
A este escenario se suma el nulo cuidado del paisaje: palmeras secas, ramas caídas y pastizales de gran altura que superan la estatura de los niños y sirven para ocultar desperdicios. Los vecinos y apoderados exigen una intervención urgente de la administración municipal para recuperar la seguridad y la higiene en un sector que hoy, lejos de ser un jardín protector, es un símbolo de abandono institucional.








