
El reciente anuncio de China de establecer su meta de crecimiento económico entre 4,5% y 5% para este año generó atención en los mercados internacionales y también en economías estrechamente vinculadas al gigante asiático, como la chilena.
Aunque estas cifras serían consideradas positivas para muchas economías del mundo, para China representan la proyección más moderada en más de tres décadas, lo que refleja un cambio en la estrategia económica del país.
Esta reflexión forma parte de la columna de opinión del académico Gonzalo Escobar, de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello, quien analiza el impacto que podría tener este nuevo escenario en el comercio global y en las economías dependientes de las materias primas.
CAMBIOS EN EL MODELO ECONÓMICO DE CHINA
Según el análisis, el ajuste en las metas de crecimiento responde a desafíos estructurales que enfrenta la economía china, entre ellos la desaceleración del sector inmobiliario, que durante años fue uno de los pilares de su expansión económica.
A esto se suma una compleja situación demográfica que reduce la fuerza laboral, además de una demanda interna que todavía no logra compensar la caída del consumo global.
En paralelo, China ha comenzado a redirigir su desarrollo hacia sectores tecnológicos y productivos de mayor valor, como los semiconductores, las energías limpias y la biotecnología. No obstante, estos rubros aún no tienen la escala suficiente para reemplazar el peso que tuvo la inversión en infraestructura e inmobiliaria durante décadas.
UNA ALERTA PARA CHILE Y EL MERCADO DEL COBRE
El análisis advierte que este escenario podría tener consecuencias relevantes para Chile. China concentra cerca del 50% del consumo mundial de cobre, lo que convierte su desempeño económico en un factor clave para la evolución del precio de este mineral.
Un crecimiento más moderado del gigante asiático podría traducirse en mayor volatilidad en los mercados de commodities, afectando directamente a economías exportadoras como la chilena.
En este contexto, el autor plantea que Chile enfrenta el desafío de reducir su dependencia del crecimiento chino, avanzando hacia una mayor diversificación de su matriz exportadora y hacia productos con mayor valor agregado.
UN NUEVO CICLO PARA LA ECONOMÍA GLOBAL
La decisión de Beijing también refleja un cambio en las prioridades del gobierno chino, que ha optado por priorizar la estabilidad económica interna y la sostenibilidad fiscal, incluso moderando el crecimiento de su gasto militar.
De acuerdo con la columna, este giro marca una transición hacia una China más cauta, menos enfocada en la expansión acelerada y más orientada a fortalecer su mercado interno.
En ese escenario, el mundo —y especialmente países como Chile— deberá adaptarse a convivir con una economía china que crece a menor velocidad, lo que obligará a repensar estrategias económicas en un contexto global cada vez más competitivo.







