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OJOS EN EL CIELO DEL DESIERTO: CHILE ACTIVA DRONES MILITARES EN ARICA PARA BLINDAR LA FRONTERA NORTE

Mientras el desierto parece inmóvil, en el aire algo cambió. Desde fines de diciembre, Chile comenzó a vigilar su frontera con Perú con drones militares equipados con tecnología térmica capaz de ver en la oscuridad total. La operación, desplegada en Arica y Parinacota, marca un nuevo capítulo en la estrategia del Estado para contener el ingreso irregular, el narcotráfico y el crimen organizado en la Macrozona Norte.

En el extremo norte del país, donde el límite internacional se diluye entre cerros, quebradas y kilómetros de silencio, ya no sólo patrullan vehículos y soldados a ras de suelo. Ahora, también hay vigilancia desde el cielo. El pasado 22 de diciembre, la Jefatura de Área Fronteriza (JAF) Arica y Parinacota dio inicio formal a la operación de aeronaves no tripuladas, capaces de operar de día y de noche, incluso en condiciones de baja visibilidad.

No se trata de una prueba ni de un plan piloto: es un despliegue operativo en regla, respaldado por el Decreto Supremo N°78 de 2023, normativa que reforzó las atribuciones de las Fuerzas Armadas ante el aumento sostenido de los flujos migratorios irregulares y de los delitos asociados al crimen organizado en Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta.

Tecnología militar para una frontera extensa y hostil

Los drones forman parte de un lote de 21 unidades recientemente incorporadas por las Fuerzas Armadas y están diseñados para operar en zonas de difícil acceso, donde la vigilancia terrestre resulta limitada o derechamente imposible. Equipados con cámaras térmicas de alta precisión, estos sistemas pueden detectar movimiento humano y vehicular a distancias que fluctúan entre los 6 y 40 kilómetros, incluso en plena noche o con condiciones climáticas adversas.

Las aeronaves no tripuladas se integran al Sistema Integrado de Frontera (Sifron), una plataforma que articula medios aéreos y terrestres, y son operadas por personal especializado de la Fuerza Aérea de Chile (FACh), en coordinación con el Ejército y la Armada bajo el alero del Comando Conjunto Norte.

Desde el Ministerio de Defensa explican que el objetivo no es reemplazar la presencia militar en terreno, sino multiplicar su alcance, anticipar movimientos irregulares y entregar información en tiempo real a las patrullas desplegadas en el desierto.

Un refuerzo clave en medio de una presión sostenida

La decisión de fortalecer la vigilancia aérea no es casual. En los últimos años, el norte del país ha enfrentado una presión migratoria inédita, junto con un aumento de rutas utilizadas por el narcotráfico, el contrabando y redes de trata de personas. En este contexto, la frontera dejó de ser sólo un límite geográfico para transformarse en un frente activo de seguridad nacional.

Durante la entrega oficial de los drones, realizada semanas antes en el Comando Conjunto Norte, la ministra de Defensa Nacional, Adriana Delpiano, fue clara: custodiar la frontera hoy implica mucho más que controlar el tránsito de personas. “Aquí tenemos un problema que nos obliga a contar con equipamiento tecnológico acorde a la magnitud del desafío”, señaló, subrayando que el refuerzo tecnológico ha permitido reducir en un 35% los ingresos ilegales en comparación con el año anterior.

Un sistema que vigila sin descanso

Los drones se suman a una red ya existente que incluye 52 vehículos de patrullaje, puestos de mando, puestos de observación fronteriza fijos y móviles, y cámaras con visión nocturna distribuidas estratégicamente a lo largo de la frontera norte. La diferencia ahora es el factor aéreo: una mirada constante, silenciosa y persistente que no se cansa ni pestañea.

Desde la JAF Arica y Parinacota recalcan que el despliegue de estas aeronaves permitirá detectar rutas clandestinas, anticipar desplazamientos irregulares y reaccionar con mayor rapidez ante eventos críticos, reforzando la coordinación con policías y otros organismos del Estado.

La frontera del futuro ya está operando

En el desierto de Arica, donde el horizonte parece infinito y el calor borra las huellas en cuestión de horas, la vigilancia ya no depende sólo del ojo humano. Chile comienza a mirar su frontera desde el aire, apoyándose en tecnología militar que redefine la forma de resguardar el territorio.

Los drones ya están en operación. No hacen ruido, no descansan y no aparecen en el paisaje. Pero están ahí, flotando sobre el límite norte, convertidos en los nuevos centinelas del desierto.

Belén Pavez G., Periodista y Locutora. Licenciada en Comunicación Social. Productora general y Directora de prensa en Vilas Radio. Música y Cat lover.

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