
Entre 200 y 400 cuerpos sin destino, contenedores frigoríficos arrendados de emergencia y funcionarios expuestos a riesgos biológicos describen la crítica situación que vive el SML.
El 2026 comenzó con un escenario límite al interior del Servicio Médico Legal (SML). Cientos de cuerpos acumulados, trabajadores expuestos a riesgos biológicos, un contagio de tuberculosis en plena sala de autopsias y una mudanza institucional a medio terminar configuran una tormenta perfecta que mantiene al organismo forense en uno de sus momentos más complejos de las últimas décadas.
Según antecedentes recopilados por El Líbero, entre diciembre y enero el número de cadáveres no reclamados en la sede de Avenida La Paz, en Recoleta, Región Metropolitana, ha fluctuado entre 200 y 400 cuerpos, superando con creces la capacidad máxima del recinto.
La presión obligó al servicio a arrendar tres contenedores frigoríficos y un camión de refrigeración para evitar la descomposición de los fallecidos, una medida de emergencia que evidencia el nivel de colapso operativo.
Un sistema sobrepasado: cuerpos sin destino
El circuito habitual del SML contempla cámaras de tránsito, refrigeración post autopsia y cámaras antiguas, con un máximo de 180 cuerpos en condiciones normales. Sin embargo, hoy esa cifra es ampliamente superada. Los fallecidos que permanecen “atrapados” en el sistema son personas identificadas pero no reclamadas por sus familias, así como cuerpos sin nombre (N.N.), muchos de ellos extranjeros o vinculados a investigaciones penales aún abiertas.
La demora en las autorizaciones de inhumación por parte del Ministerio Público, sumada a dificultades económicas de las familias o a la ausencia total de redes, ha transformado la morgue en una suerte de bodega humana, donde algunos cuerpos han llegado incluso a permanecer en carros de traslado y a ras de suelo.
Funcionarios citados por El Líbero advierten que lo que antes era una situación excepcional —asociada a fechas puntuales como fiestas de fin de año— hoy se ha vuelto una constante estructural desde fines de 2024.
Tuberculosis en la sala de autopsias: el punto de quiebre
La crisis alcanzó un punto crítico cuando un técnico de autopsias resultó contagiado con tuberculosis, en un contexto de manipulación permanente de cuerpos con patologías transmisibles. De acuerdo con la denuncia de los trabajadores, los exámenes preventivos fueron suspendidos tras detectarse el caso positivo y la enfermedad fue catalogada como “común”, descartando su origen laboral.
El afectado habría conocido su diagnóstico semanas después, tras costear exámenes particulares por más de un millón de pesos. Este hecho derivó en una demanda colectiva de tutela laboral, presentada por 16 funcionarios, quienes acusan incumplimientos graves en protocolos de seguridad, falta de seguimiento médico y vulneración de derechos fundamentales.
“Seguimos trabajando sin saber si estamos contagiados. No hay prevención real”, señala uno de los técnicos, quien describe un ambiente laboral marcado por el desgaste físico, la presión psicológica y la sensación de abandono institucional.
Mudanza a medias y servicios básicos deficientes
En paralelo al colapso de la morgue, el SML inició el traslado de funcionarios al nuevo edificio institucional en Pedro Aguirre Cerda, una moderna infraestructura de 24 mil metros cuadrados cuya recepción final se concretó en diciembre. No obstante, según relatan trabajadores al medio, el recinto no estaba completamente habilitado.
Problemas con la calidad del agua potable, fallas eléctricas, internet inestable, baños inutilizables, ascensores en calibración y ausencia de casino obligaron a improvisar soluciones como la instalación de un food truck al interior del recinto. Incluso se reportó una encerrona a una funcionaria tras restricciones arbitrarias en el uso de estacionamientos.
La falta de una “marcha blanca”, sumada a la inexistencia de información clara sobre plazos y funcionamiento, ha aumentado la incertidumbre entre los equipos, especialmente en áreas críticas como autopsias y tanatología.
Hermetismo, desconfianza y quiebre interno
De acuerdo con múltiples testimonios recogidos por El Líbero, la crisis operativa se ve agravada por un quiebre profundo en la comunicación interna. Funcionarios y gremios acusan hermetismo de la dirección, uso político de sumarios y prácticas de hostigamiento laboral.
Consultado formalmente por el medio, el Servicio Médico Legal no entregó respuestas oficiales sobre la acumulación de cuerpos, las medidas sanitarias adoptadas ni el cumplimiento de protocolos con la PDI respecto al envío de información de fallecidos N.N., recomendando canalizar las solicitudes vía Ley de Transparencia.
Un servicio esencial al límite
La acumulación de cadáveres, el riesgo sanitario no resuelto, la precariedad en la transición a nuevas dependencias y la desconfianza interna configuran un escenario alarmante para una institución clave del sistema de justicia.
Mientras tanto, los cuerpos siguen esperando, los trabajadores continúan operando bajo presión y el SML enfrenta un inicio de año marcado por el colapso, la incertidumbre y cuestionamientos que, según advierten sus propios funcionarios, ya no pueden seguir siendo tratados como problemas invisibles.







