
Una profunda indagación de quince años desarrollada por el sobrino nieto del comandante de la “Esmeralda”, Guillermo Prat Herrera, ha sacado a la luz los pasajes más reservados de la genealogía del máximo prócer naval chileno. El estudio, contenido en el libro «Prat, los ancestros. Recuerdos y misterios», fue entregado formalmente por Fernando Prat Ponce, hijo del autor, al Museo Marítimo Nacional de Valparaíso, revelando que los orígenes de la estirpe se remontan al año 1227 en Cataluña.
La investigación rompe el hermetismo histórico al confirmar la existencia de tres hermanos de Arturo Prat que fueron omitidos de los relatos oficiales: Rosa Zoila, Mercedes Rosario y Arsenio. Estos integrantes de la familia nacieron entre 1843 y 1845, previo al matrimonio formal de sus padres, y fallecieron a los pocos meses de vida. Fernando Prat Ponce, descendiente del héroe, manifestó que este ocultamiento respondió a la creencia de que se buscaba mantener una imagen familiar «inmaculada» y perfecta en un contexto de guerra, donde era necesario atraer gente para ganarla.
El relato también revela que, pese a tener un antepasado ennoblecido en 1450 por el Rey de Aragón, la rama que llegó a América enfrentó una serie de tragedias y pobreza. Entre los hitos documentados destaca el asesinato del abuelo del marino, Ignacio Prat, en los suburbios de Coquimbo, y el posterior incendio de la librería familiar cerca de la Plaza de Armas de Santiago, sucesos que dejaron a la descendencia en la ruina antes de la epopeya de 1879. Sobre su abuelo, el propio Arturo Prat manifestó en una carta que era una «alma tan noble, tan generosa, tan amante y tan íntegra».
Con este rescate documental, Guillermo Prat Herrera manifestó su rechazo al ocultamiento de esta parte de la historia, cuestionando quiénes tramaron esta «histórica manipulación de la verdad». Los descendientes buscan finalmente humanizar al marino de Iquique, reconociendo que detrás del mito existió una familia «sencilla, de clase media, normal. Sí, de seres humanos». La obra detalla además los prejuicios sociales de la época, que incluso llevaron a registrar a la madre del prócer, Rosario Chacón, como una «madre oculta» debido a la resistencia que generaba el pretendiente Agustín Prat ante los ojos de los prósperos Chacón.




