
La compañía La Patogallina estrenará en la costanera de Iquique el pasacalle “El Gigante y los niños Wara Wara”, un espectáculo gratuito inspirado en el Gigante de Tarapacá que combina arte escénico, memoria ancestral y participación comunitaria.
Hay figuras que no se mueven, pero nunca están quietas. El Gigante de Tarapacá, trazado hace más de mil años sobre el Cerro Unita, ha observado el paso del tiempo sin decir palabra. Hasta ahora. Este martes 6 de enero, cuando el sol se esconda sobre el Pacífico y la noche abrace la costanera de Iquique, el gigante bajará simbólicamente del desierto para reencontrarse con su gente.
A las 21:00 horas, el borde costero se transformará en escenario abierto con el estreno del pasacalle “El Gigante y los niños Wara Wara”, una creación colectiva de La Patogallina, dirigida artísticamente por Martín Erazo, uno de los nombres más influyentes del teatro callejero chileno. El espectáculo será gratuito y formará parte del Festival Internacional Tarapacá a Mil 2026, una cita que busca devolverle a los espacios públicos su carácter ritual, festivo y comunitario.
UN ÍCONO ANCESTRAL QUE VUELVE A RESPIRAR
La obra no nace del azar ni de la nostalgia vacía. Surge desde una invitación concreta del festival y desde una inquietud profunda: ¿qué nos dicen hoy las huellas que dejaron quienes habitaron este territorio antes que nosotros?
Para responder esa pregunta, el equipo creativo de La Patogallina se sumergió en una investigación que incluyó archivos históricos y trabajo conjunto con especialistas de la Universidad Católica y la Universidad de Chile, dedicados a la recuperación y estudio de los geoglifos del norte grande.
El resultado fue revelador: el Gigante de Tarapacá no es una imagen aislada, sino parte de un universo visual y simbólico que se extiende desde el Loa hacia el norte, una red de signos creados entre los años 1000 y 1400, cuando comunidades enteras trabajaban de forma colectiva para dibujar identidad sobre la tierra.
UNA FIESTA QUE SE CONSTRUYE ENTRE TODOS
“El Gigante y los niños Wara Wara” no se mira desde una butaca: se vive caminando. Como todo pasacalle, es una experiencia en movimiento, donde música, cuerpos, máscaras y color avanzan junto al público, borrando la distancia entre artistas y espectadores.
Aquí, el espacio público deja de ser tránsito y se convierte en lugar de encuentro. La obra propone una celebración, pero también una reflexión: así como hace siglos se levantó un geoglifo de 86 metros con trabajo colectivo, hoy la comunidad vuelve a reunirse para reconocer su historia común.
Niños, niñas, artistas locales y vecinos se integran al recorrido, transformando el espectáculo en un acto compartido, donde la memoria no se contempla: se encarna.
ARTE, IDENTIDAD Y FUTURO
La propuesta no busca reconstruir el pasado como una postal, sino activar preguntas sobre el presente y el futuro. ¿Qué hacemos con nuestros símbolos? ¿Cómo cuidamos lo que nos define como territorio? ¿Qué relatos queremos transmitir a las nuevas generaciones?
En ese cruce aparece la figura de los Wara Wara, los niños y niñas que acompañan al Gigante en este viaje escénico, representando la continuidad, la herencia viva y la posibilidad de un futuro que no olvida sus raíces.
FORMACIÓN Y MEDIACIÓN: EL FESTIVAL MÁS ALLÁ DEL ESCENARIO
El paso de La Patogallina por Tarapacá no se limita a una sola noche. Como parte de la programación del festival, se desarrollarán actividades de formación, mediación y reflexión, fortaleciendo el vínculo entre artistas, territorio y comunidad.
Uno de los hitos será la Escuela La Patogallina, dirigida a estudiantes y creadores de las artes escénicas, quienes podrán integrarse posteriormente al espectáculo. El taller se realizará el 5 de enero, entre las 10:00 y las 18:00 horas, en la Casa Municipal de la Cultura de Iquique, con cupos limitados.
Además, en Pica, la compañía encabezará el encuentro “Cosmovisiones y raíces rítmicas”, una instancia abierta para compartir su mirada sobre el trabajo escénico en el espacio público, que culminará con una demostración de percusión colectiva.
UNA INVITACIÓN ABIERTA
La cita está hecha. Martes 6 de enero, 21:00 horas, Costanera de Iquique, Avenida Arturo Prat esquina calle Juan Martínez. No se necesita entrada, solo disposición a caminar, mirar y dejarse llevar.
Porque esa noche, el desierto hablará.
Y el Gigante, por fin, volverá a encontrarse con sus hijos frente al mar.







