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EE. UU. PERFILA CRONOGRAMA DE TRANSICIÓN EN VENEZUELA: ELECCIONES EN 18–24 MESES Y CAMBIO DE ERA TRAS LA CAPTURA DE MADURO

Washington marca un horizonte de 18 a 24 meses para la celebración de elecciones presidenciales en Venezuela y afirma que la cooperación con el gobierno interino de Delcy Rodríguez es temporal, en medio de un proceso político de enorme escala global tras los recientes eventos que han transformado al país caribeño.

En medio de convulsiones geopolíticas sin precedentes este año, la Casa Blanca y altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos han comenzado a articular un plan de transición política para Venezuela que podría desembocar en elecciones presidenciales dentro de entre 18 y 24 meses, según un reporte publicado por el diario estadounidense The Wall Street Journal.

La revelación —citada por el secretario de Energía estadounidense Chris Wright en conversaciones con líderes empresariales— se produce en un contexto en el que Washington ha venido recalibrando su relación con Caracas tras los dramáticos acontecimientos de enero de 2026, cuando fuerzas estadounidenses llevaron a cabo una operación militar que resultó en la captura del entonces presidente Nicolás Maduro y su traslado a Estados Unidos para enfrentar cargos federales.

Un proceso de transición observado por el mundo

El mensaje que emana desde Washington es claro: la actual cooperación con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, se considera temporal y orientada a estabilizar la situación política y de seguridad, mientras se prepara un eventual calendario electoral. Según las fuentes citadas, esto supone un enfoque cauteloso que busca evitar un vacío de poder violento y administrar un tránsito ordenado hacia un gobierno elegido democráticamente.

Este horizonte electoral —aunque todavía no oficial ni acordado públicamente con Caracas— se ha planteado como un objetivo “realista” dentro de la estrategia de transición, en la que Estados Unidos favorece una evolución política gradual antes que imposiciones abruptas.

De Maduro a una nueva hoja de ruta democrática

El contexto de estas proyecciones es el más dramático que ha vivido Venezuela en décadas. Tras la operación estadounidense del 3 de enero de 2026 que derrocó al gobierno de Nicolás Maduro, quien enfrenta en Estados Unidos acusaciones por narcoterrorismo y tráfico de drogas, el poder en Venezuela quedó en manos de Delcy Rodríguez, figura clave del antiguo régimen y, hasta ahora, presidenta interina.

Lejos de consolidarse, este gobierno provisional ha sido aceptado con cautela por Washington y otros actores internacionales, que han subrayado su papel transitorio. La idea de elecciones a mediano plazo pretende legitimar una nueva etapa política en un país que ha sufrido más de una década de polarización y crisis institucional.

Reacciones internacionales y tensiones abiertas

La proyección de elecciones en 18–24 meses no solo genera debate en Washington, sino también entre aliados y socios extranjeros. Por ejemplo, el ministro de Relaciones Exteriores de España, José Manuel Albares, expresó recientemente su respaldo al proceso de transición en conversaciones con su homólogo venezolano, subrayando la necesidad de que el futuro electoral sea “respetuoso de los derechos humanos y de la voluntad ciudadana”.

Estos movimientos diplomáticos reflejan la complejidad del momento: muchos gobiernos aliados observan de cerca cómo se despliega este plan sin que exista aún un cronograma electoral oficial ni un marco legal definitivo para su implementación.

Control de poder y futuro político

Mientras Estados Unidos reitera que no pretende “gobernar” a Venezuela a largo plazo y mantiene que el regreso a la democracia debe surgir desde el pueblo venezolano, altos legisladores como Marco Rubio han enfatizado que el objetivo es claro: que Venezuela tenga “un gobierno democráticamente elegido cuando las condiciones lo permitan”.

Este enfoque busca equilibrar dos extremos: por un lado, evitar el retorno a prácticas autoritarias; por otro, asegurar que el tránsito a elecciones no se convierta en una fuente de caos o vacío de poder que pueda desestabilizar aún más al país.

Economía, legitimidad y reconstrucción

La proyección de un nuevo proceso electoral también tiene implicaciones económicas y geoestratégicas. Tras la reapertura del espacio aéreo venezolano para vuelos comerciales y la reactivación de relaciones en sectores clave como el petrolero, Washington y otros actores globales vislumbran un futuro en el que Venezuela pueda volver a integrarse al sistema internacional con liderazgo legítimo.

Sin embargo, este escenario no está libre de desafíos: la oposición venezolana sigue dividida sobre cómo manejar la transición, la estructura del antiguo chavismo intenta reagruparse, y el país enfrenta profundas heridas económicas y sociales que una elección por sí sola difícilmente resolverá.

Un país en el umbral: entre el declive y la esperanza

La proyección de elecciones en un plazo de 18 a 24 meses no es solo una cifra. Es la expresión de una política exterior estadounidense que busca reconfigurar el tablero político de Venezuela, transformar décadas de conflicto en un proceso democrático abierto y, sobre todo, ofrecer a millones de venezolanos una salida pacífica a años de crisis.

Si este plan se cumple, Venezuela podría estar acercándose al momento más trascendental desde la caída del muro de Berlín: una transición política forjada en medio de tensiones globales, acuerdos diplomáticos y expectativas ciudadanas, donde la próxima elección no será solo un acto interno, sino un símbolo de un cambio esperado por muchos y observado por todos.

Belén Pavez G., Periodista y Locutora. Licenciada en Comunicación Social. Productora general y Directora de prensa en Vilas Radio. Música y Cat lover.

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