DeportesNoticias

COLUMNA DE OPINIÓN: CUANDO LA HINCHADA ENTRA EN JUEGO, VIOLENCIA CASTIGO Y EL LIMITE DE LA PRESIÓN COLECTIVA

Por Frano Giakoni Ramírez, director de la carrera de Entrenador Deportivo UNAB.

La amenaza de boicot anunciada por parte de la barra de Universidad de Chile, tras las sanciones impuestas y el alza en el precio de las entradas, reabre una discusión que el fútbol chileno arrastra desde hace años y que sigue sin resolverse del todo. La consigna “entramos todos o nadie” no es solo una frase de protesta: es la expresión de una lógica de presión colectiva que, una vez más, pone en tensión al espectáculo deportivo, la seguridad y el derecho de miles de personas a asistir al estadio en condiciones normales.

Más allá del caso puntual, el episodio refleja un fenómeno ampliamente estudiado desde las ciencias sociales y del deporte: la dinámica de grupo en contextos de alta identidad emocional. Las barras organizadas no funcionan solo como grupos de apoyo deportivo, sino como comunidades con normas internas, liderazgos informales y una fuerte construcción de pertenencia. En ese escenario, las decisiones individuales suelen diluirse frente a la presión del colectivo, y el conflicto se convierte en una herramienta para reafirmar poder y visibilidad.

Desde la psicología del deporte y del comportamiento, este tipo de amenazas responde a una lógica conocida. Cuando un grupo percibe que pierde control sobre un espacio simbólico, como el estadio, tiende a reaccionar intensificando su postura. El castigo institucional y el aumento de precios son interpretados no solo como medidas administrativas, sino como agresiones a la identidad del grupo. La respuesta, entonces, busca restablecer ese control a través de la confrontación.

El problema es que el costo de estas acciones rara vez lo asumen quienes las promueven. Lo pagan las familias que dejan de ir al estadio, los niños que crecen asociando el fútbol al conflicto, los hinchas que sí cumplen las normas y el propio club, que ve afectada su imagen, su recaudación y su relación con el entorno. En términos de gestión deportiva, el boicot no presiona solo a la dirigencia o a la autoridad: erosiona el producto fútbol en su conjunto.

La evidencia internacional es clara. Ligas que lograron reducir la violencia en los estadios no lo hicieron cediendo ante amenazas, sino combinando sanciones consistentes, control de acceso, derecho de admisión efectivo y una redefinición cultural del rol del hincha. El mensaje ha sido siempre el mismo: el fútbol es un espacio colectivo, pero no puede quedar capturado por minorías que condicionan la experiencia del resto.

En el caso de Universidad de Chile, la situación resulta especialmente delicada. El club atraviesa un proceso deportivo e institucional que necesita estabilidad, reconstrucción de confianzas y recuperación del público general. Las amenazas de boicot, lejos de fortalecer esa identidad histórica de club popular, terminan profundizando la fractura entre hinchada, institución y sociedad.

Desde la mirada de las ciencias del deporte, también hay un impacto indirecto que pocas veces se menciona. El clima de hostilidad constante afecta a jugadores y cuerpos técnicos. La literatura científica ha demostrado que los entornos percibidos como inseguros o conflictivos elevan los niveles de estrés, disminuyen la concentración y afectan el rendimiento. El estadio, que debiera ser un factor de apoyo, se transforma en una fuente adicional de presión.

El alza en el precio de las entradas y las sanciones aplicadas pueden y deben discutirse. Es legítimo cuestionar políticas de acceso, modelos de negocio y decisiones de seguridad. Pero cuando la discusión se desplaza hacia la amenaza y el boicot, se cruza una línea peligrosa. El fútbol no puede seguir normalizando la idea de que sin una barra organizada el espectáculo no existe.

Chile enfrenta hoy la oportunidad de redefinir la relación entre hinchada y fútbol. Entender que apoyar no es imponer, que alentar no es condicionar y que la pasión no puede justificar el chantaje. Mientras esa distinción no se asuma colectivamente, el deporte seguirá atrapado en un círculo donde cada castigo genera más conflicto y cada conflicto aleja a quienes solo quieren ir al estadio a ver fútbol.

FRANO GIAKONI

Artículos relacionados

Botón volver arriba
🔴 En vivo