
En una acalorada sesión del Concejo Municipal con la Delegación Presidencial, las autoridades locales expusieron el aislamiento que sufre la comuna ante las decisiones fronterizas tomadas en La Paz. Además, abrieron un intenso debate por el descontrol en la Feria de Pisiga Carpa, donde el ingreso de grandes volúmenes de mercadería extranjera choca con el abastecimiento vital de los adultos mayores de la zona.
La condición de comuna fronteriza no siempre se traduce en presencia donde se toman las decisiones. Durante la sesión, el alcalde Teófilo Mamani manifestó su profunda molestia por la exclusión de la municipalidad en los recientes encuentros internacionales realizados en Bolivia.
«Hace poco se hizo una convocatoria en La Paz y ni nos llamaron», cuestionó la autoridad local, quien solicitó formalmente a la Delegación Presidencial oficiar a la Cancillería y al consulado para que Colchane sea incorporada de manera permanente en los Comités de Frontera.
Para la gestión municipal, resulta incoherente discutir problemáticas territoriales —como el paso incontrolado de animales desde el país vecino o el impacto del comercio transfronterizo— sin la participación directa de quienes gobiernan y habitan el territorio.
Descontrol en Pisiga Carpa: el impacto de los grandes volúmenes
Uno de los puntos más complejos abordados en el concejo fue el funcionamiento de la feria quincenal que se desarrolla en Pisiga Carpa. El alcalde alertó sobre el ingreso masivo de comerciantes extranjeros que cruzan con carretones e inmensos volúmenes de productos para comercializarlos a altos precios en suelo chileno.
Esta situación, según denunció la autoridad, perjudica directamente a los locatarios locales y distorsiona el espíritu del intercambio comunitario. «Un intercambio comercial significa que nuestra gente local debe ser la beneficiaria, no gente extranjera que ingresa con grandes volúmenes para comercializar en territorio nacional. Eso es totalmente incoherente», remarcó Mamani.
Ante esto, el municipio plantea ordenar la feria mediante credenciales y establecer límites claros a la cantidad de mercadería que ingresa, buscando proteger el comercio local y evitar el uso indebido de permisos.
El debate sobre el abastecimiento: «Aquí no hay supermercados ni farmacias»
La propuesta de restringir productos generó un inmediato choque de posturas al interior del concejo. Los ediles enfatizaron la particular realidad geográfica de la comuna, donde las familias y los adultos mayores dependen exclusivamente de la feria para subsistir, ante la imposibilidad de viajar continuamente a Iquique.
Durante la discusión, se advirtió que fijar cuotas demasiado estrictas —como limitar el ingreso de gas o alimentos básicos por arrobas— puede golpear duro a los pobladores y a los ganaderos del interior. «Hay que vivir en la comuna para saber realmente las necesidades del pueblo; acá un gas no es suficiente porque los abuelitos hacen pan para vender y subsistir», se escuchó firmemente en la sala.
Asimismo, se expuso la compleja situación que enfrentan los adultos mayores de localidades alejadas como Arabilla, quienes muchas veces sufren el criterio inflexible de las fuerzas de control en la frontera cuando sus certificados municipales presentan algún retraso burocrático.
La urgencia de fiscalizar y llegar a consensos con los vecinos
Tras el intercambio de visiones, la mesa coincidió en que la solución no pasa por asfixiar al vecino de Colchane, sino por aplicar un ordenamiento efectivo mediante inspectores municipales que fiscalicen el comercio ambulante desmedido.
El alcalde y los concejales acordaron iniciar un proceso de diálogo directo con las comunidades locales para consensuar qué productos y qué cantidades deben ser autorizados. El objetivo central será garantizar un abastecimiento digno para las familias de la frontera, frenando al mismo tiempo el contrabando a gran escala que distorsiona la economía de la zona.




