
Una verdadera multitud de fieles se congregó en la pampa nortina para rendir honores a la patrona de Chile en una jornada histórica de fe y devoción. Faltando pocos minutos para las 22:00 horas, la imagen de la «Chinita del Carmelo» asomó a las puertas del Santuario, desatando una gigantesca ovación decorada con globos blancos y amarillos, pañuelos al viento y un profundo sentimiento de amor filial que dio paso a la Misa de Vísperas presidida por la Iglesia local.
Es así como Isauro Covili Linfati, obispo de la diócesis de Iquique, en su homilía señaló que «a muchos les falta el vino de la vida y de la alegría, el vino del evangelio, el vino de la dignidad humana y de la buena convivencia». El pastor de la diócesis añadió que «me duele el corazón cuando veo a bautizados y a devotos de la Virgen de la Chinita, que han dejado de mirar al cielo, que no miran a Jesús».
El mensaje litúrgico estuvo marcado por el Centenario de la Coronación de la Virgen como Reina y Madre de Chile, hito que el prelado utilizó para reflexionar sobre los desafíos sociales, éticos y ambientales del norte. La máxima autoridad eclesiástica enfatizó la urgencia de escuchar el clamor de los desposeídos, de los migrantes y de la propia tierra, haciendo un llamado imperativo al resguardo del recurso hídrico en Tarapacá.
LA HOMILÍA: EL VINO DE LA DIGNIDAD Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Durante su mensaje, el monseñor Covili instó a la comunidad a no temer al futuro ni a las debilidades propias, llamando a edificar una sociedad sin excluidos donde los pobres y enfermos sean las piedras angulares del Reino. En su mensaje de paz, el pastor remarcó la importancia de construir un hogar común sólido y equitativo en la región.
El obispo de Iquique manifestó que «no temamos ensuciarnos las manos, trabajemos con perseverancia, poniendo a Dios en el horizonte de nuestro actuar y al ser humano en el centro de nuestras decisiones». así también agregó que «Dios los ama como son, pero a la vez, los quiere mejores».
Un punto destacado de la homilía fue la mención a la encíclica papal Magnifica Humanitas, que aborda la dignidad humana y la irrupción de la inteligencia artificial. El obispo advirtió sobre la necesidad de cuidar que estas tecnologías no se transformen en un nuevo tipo de esclavitud que reduzca al ser humano a un simple dato, invitando a la comunidad a resguardar la capacidad de pensar, crear y cultivar el espíritu frente a la modernidad.
UN RETORNO A LAS RAÍCES DE LA PAMPA
Tras el momento de la comunión, los asistentes vivieron un bloque de alta emotividad orientado a preparar los corazones para el inicio del 16 de julio. La transmisión oficial proyectó imágenes históricas de los inicios de la festividad, conectando de inmediato con la herencia de los ancestros y la esencia misma de la identidad tarapaqueña, la cual se forja entre la dureza del desierto y la dulzura de sus cantos.
La liturgia recordó la tradicional invocación a la flor de la chamiza, una delicada especie amarilla y blanca que brota en las arenas del Tamarugal. A través de este símbolo, se invitó a la asamblea a ofrecer sus propias vidas como un adorno eterno para la Virgen, entendiendo que el canto, el sacrificio del ensayo y la danza son, en esencia, una oración viva que trasciende el tiempo.
El Santuario rememoró las épocas de la Tirana antigua, una pampa iluminada de manera única por velas y por las grandes fogatas de los bailes religiosos que desafiaban el frío de la noche. Este fuego encendido sirvió para homenajear a los abuelos, bailarines y peregrinos que ya partieron al descanso eterno, dejando como legado una fe inquebrantable que corre por las venas de las nuevas generaciones nortinas.
Finalmente, con la sagrada imagen de la Carmelita dispuesta al centro del altar, los miles de devotos se fundieron en un silencio sobrecogedor a la espera del alba. La imponente asamblea reafirmó su compromiso de fe proclamándose como una Iglesia viva que camina de la mano de María, dispuesta a disipar toda oscuridad personal bajo la guía de Jesucristo.




