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BANDERAS AL VIENTO Y LÁGRIMAS EN LA AVENIDA PRAT: VENEZOLANOS EN IQUIQUE ESTALLAN DE EMOCIÓN TRAS LA CAPTURA DE NICOLÁS MADURO

Más de 500 vehículos recorrieron avenida Arturo Prat en una caravana espontánea convocada por la comunidad venezolana en Iquique, tras conocerse la captura de Nicolás Maduro. Alegría, cautela y temor por familiares que permanecen en Venezuela marcaron una jornada histórica de celebración y esperanza contenida.

La noticia cayó como un relámpago sobre el desierto. Primero fue un murmullo, luego un grito, después un llanto incontenible. En Iquique, a más de cuatro mil kilómetros de Caracas, la comunidad venezolana despertó el pasado sábado con una mezcla de incredulidad, euforia y cautela: Nicolás Maduro había sido capturado, y aunque el miedo todavía respira al fondo del pecho, la esperanza —esa que llevaba años en silencio— volvió a ocupar las calles.

Desde temprano, teléfonos temblaban en las manos. Algunos intentaban llamar a Venezuela sin éxito; otros preferían guardar silencio para proteger a los suyos. “La felicidad es inmensa, pero hay que ser prudentes”, repetía una mujer mientras apretaba una pequeña bandera tricolor contra el pecho. Afuera, en cambio, el grito era libre. Aquí, en Chile, se podía gritar.

Una ciudad que tocó bocina por la libertad

Pasadas las cinco de la tarde del sábado 03 de enero de 2026, la emoción se transformó en movimiento. Más de 500 vehículos se reunieron en los estacionamientos de la Universidad Arturo Prat (UNAP) y dieron vida a una caravana que avanzó por avenida Arturo Prat como un río de bocinazos, banderas y llantos felices.

No era una protesta: era una descarga emocional acumulada por décadas.

Los autos avanzaban lento, decorados con mensajes escritos a mano, fotografías de familiares que quedaron atrás, cintas tricolores ondeando por las ventanas. Desde los balcones, algunos chilenos observaban en silencio; otros aplaudían. La caravana no pedía nada. Solo anunciaba que algo, al fin, había cambiado.

“Sabíamos que iba a pasar, tarde o temprano”

Entre los asistentes se repetía una frase: esto tenía que suceder. Para muchos, la captura de Maduro no era una sorpresa, sino una espera larga, casi bíblica. Una mujer lo resumía con voz quebrada: la alegría es real, pero incompleta. “Mientras otros nombres sigan libres, no se puede hablar de libertad total”, decía, bajando el tono, pensando en quienes siguen en Venezuela.

El miedo no desapareció con la noticia. Persistía como una sombra. Hay familias que aún no saben qué decir por teléfono, otras que no dicen nada. En varios hogares de Iquique, el WhatsApp permanecía en silencio. No por falta de señal, sino por precaución.

Limpieza, esperanza y planes postergados

Para otros, la emoción tenía forma de alivio. “Es como si por fin se empezara a limpiar lo que estaba podrido”, comentaba un hombre, sonriente, mirando la caravana pasar. Su familia está a salvo, pero lejos. El retorno no es inmediato, lo saben todos. Nadie habla de volver mañana. Hablan de volver algún día.

Esa palabra —volver— flotaba en cada conversación. Volver a la casa. Volver a la calle donde crecieron. Volver a ser ciudadanos y no exiliados. Pero siempre con un “todavía no” por delante.

Madres al otro lado del teléfono

Una joven caminaba en círculos, celular en mano, esperando lograr una llamada. Su madre está en Venezuela. No han hablado aún. No por falta de ganas, sino porque la emoción la supera. “Después de todo lo que pasamos, es imposible no llorar”, confesaba. Su sonrisa era nerviosa, como quien no termina de creer lo que escucha.

La alegría, en muchos casos, era silenciosa. Una alegría que se guarda, que no se publica, que se vive con cautela.

Fe, desconfianza y nombres que aún pesan

No todos celebraban sin reservas. Había quienes miraban la noticia con desconfianza, temiendo que se tratara de una ilusión más. “Ojalá sea verdad”, decía una mujer con los brazos cruzados. Para ella, el problema no termina con una sola detención. En las conversaciones, se repetían otros nombres, otros rostros del poder que, según muchos, siguen siendo piezas clave del pasado que no termina de caer.

Mientras esos nombres sigan ahí, decían, el futuro sigue en suspenso.

Iquique fue Caracas por una tarde

La caravana terminó, pero nadie se fue de inmediato. Algunos bajaron de los autos, se abrazaron con desconocidos, lloraron con personas que hablaban el mismo acento y compartían la misma herida. Por unas horas, Iquique fue Caracas, Maracaibo, Petare, Valencia. Fue todo a la vez.

No hubo discursos oficiales ni micrófonos. Solo bocinas, banderas y una emoción colectiva que llevaba años atrapada en el pecho.

La noche cayó sobre la avenida Arturo Prat y, con ella, volvió el silencio. Pero no era el mismo. Esta vez, el silencio venía acompañado de una palabra que durante mucho tiempo estuvo prohibida incluso en los pensamientos: esperanza.

Belén Pavez G., Periodista y Locutora. Licenciada en Comunicación Social. Productora general y Directora de prensa en Vilas Radio. Música y Cat lover.

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