
El Agro y CONADI formalizaron dos convenios históricos en Tarapacá que contemplan el diseño de 150 proyectos hídricos para 2027 y la instalación de mallas antiáfidas en Pica, Matilla y Quisma para resguardar la producción agrícola indígena.
La agricultura en el desierto no da tregua y requiere apoyo directo donde más duele: el agua y las plagas. El Ministerio de Agricultura y CONADI firmaron dos convenios estratégicos por un monto total de 445 millones de pesos, enfocados de lleno en blindar la producción de las comunidades indígenas de la provincia del Tamarugal.
La firma reunió en la zona al seremi de Agricultura, Fernando Chiffelle, a la seremi de Desarrollo Social, Katherine Flores, y al subdirector norte (s) de CONADI, Dev Thadani. Es la primera vez que ambas instituciones sellan dos acuerdos en paralelo durante el mismo período, marcando un precedente en la gestión de recursos para el altiplano y la pampa.
MÁS AGUA PARA EL DESIERTO: 150 PROYECTOS DE RIEGO RUMBO AL CONCURSO UMA 2027
El primer pilar de esta alianza apunta directo al corazón del trabajo agrícola: la eficiencia hídrica. El acuerdo permitirá financiar el diseño técnico de 150 proyectos de riego y drenaje, dejando las carpetas listas para competir en el concurso UMA 2027 que administra la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena.
Sobre este punto, el seremi Fernando Chiffelle explicó que los diseños buscan optimizar al máximo cada gota disponible. Las obras contemplan desde canalizaciones y estanques de acumulación hasta la instalación de sistemas de riego tecnificado, obras que beneficiarán de manera directa a familias y regantes indígenas de los sectores más apartados del Tamarugal.
ESCUDO CONTRA LA MOSCA DE LA FRUTA EN PICA, QUISMA Y MATILLA
El segundo convenio aborda de frente una amenaza crítica para los oasis de la región: el avance de la mosca de la fruta. Para evitar que la plaga paralice la economía local, el plan financiará la instalación de mallas antiáfidas en los predios agrícolas, creando una barrera física que protegerá las cosechas sin cortar el ciclo productivo.
El subdirector norte (s) de CONADI, Dev Thadani, remarcó que el impacto se sentirá con fuerza en los valles. «El objetivo es apoyar a los agricultores indígenas afectados en la comuna de Pica y en todas sus localidades, como Quisma y Matilla», precisó la autoridad sobre un trabajo que busca defender la producción limonera y frutícola tradicional de la zona.
Desde la vereda del impacto económico, la seremi de Desarrollo Social, Katherine Flores, enfatizó que estos $445 millones llegan directamente al bolsillo y la tranquilidad de las familias.
Defender el agua y blindar los huertos ante las plagas no solo protege el patrimonio agrícola, sino que asegura el sustento diario en los rincones más apartados de la Región de Tarapacá.




