
El delantero estrella de la Roja Española protagonizó la postal más humana de la gran final en el Estadio MetLife. Tras vencer por la mínima a Argentina, la joya española levantó el trofeo junto al pequeño de tres años, quien volvió a cautivar a las tribunas tras convertirse en la gran atracción infantil del torneo.
España volvió a tocar el cielo en el Estadio de Nueva York y las celebraciones tras el pitazo final dejaron imágenes imborrables. Los ibéricos derrotaron 1-0 a la Argentina de Messi en una definición apretada, pero apenas se consumó el triunfo, los reflectores se movieron hacia una esquina del césped del MetLife. Lamine Yamal regaló el momento más emotivo de la noche al reencontrarse en la cancha con su pequeño hermano Keyne.
Apenas terminó el partido, el delantero se tomó unos segundos de intimidad sobre el pasto para dedicar una oración. Acto seguido, corrió hacia la tribuna donde lo esperaba su familia. Yamal tomó en brazos al niño de tres años para sumarlo a los festejos oficiales, dejando una de las fotos más comentadas de la jornada: ambos sosteniendo juntos el ansiado trofeo dorado entre risas y gestos de complicidad.
El propio atacante ha dejado en claro en reiteradas oportunidades el vínculo que lo une al pequeño, confesando sin rodeos que Keyne representa todo para él y que lo siente casi como a un hijo.



Keyne, el niño que encandiló a las cámaras durante todo el Mundial
Lo ocurrido en la final no fue un hecho aislado. A lo largo del torneo en Norteamérica, el pequeño Keyne se consolidó como una auténtica mini celebridad en las tribunas y en el hincha número uno del equipo que dirige Luis de la Fuente.
Sus bailes espontáneos captados por la transmisión oficial, sus apariciones sorpresivas en las pantallas gigantes de los estadios y sus reacciones desenfadadas en los palcos engancharon a millones de fanáticos alrededor del planeta.
Esta frescura frente a los focos ya traía historia previa. Los futboleros recordaban al niño haciendo de las suyas durante la última Eurocopa y en las celebraciones de los títulos locales del Barcelona. En Nueva York, la escena sencillamente se repitió a escala global, entregando un cierre perfecto para una jornada donde la alegría deportiva se mezcló con el afecto de hogar.




