
La exministra podría aterrizar como agregada en la Embajada de Chile en Perú tras su abrupta salida de La Moneda hace casi dos meses. Mientras en Chile Vamos piden congelar la nominación por los dictámenes pendientes de Contraloría, Republicanos blinda a la exfiscal y el Gobierno prefiere ganar tiempo asegurando que no hay nada cerrado.
Apenas van 56 días desde que el Presidente José Antonio Kast le pidió la renuncia el pasado 19 de mayo, cerrando un paso fugaz y sumamente accidentado por el gabinete. Sin embargo, el nombre de la exministra Trinidad Steinert vuelve a rondar con fuerza los pasillos de La Moneda, esta vez por su posible nombramiento en una agregaduría en la Embajada de Chile en Perú. La jugada busca rescatar a la exfiscal, a quien le acomoda enormemente la idea de cruzar la frontera debido a su largo recorrido como persecutora en la zona norte del país.
La bomba la soltó el propio ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez, quien confirmó que la Cancillería está evaluando este cargo para Steinert. La opción de reinstalarla en el aparato estatal responde a un compromiso de honor político: al aceptar el ministerio, Steinert sepultó más de 20 años de carrera en el Ministerio Público, y en el oficialismo comentan que el propio Presidente Kast le prometió respaldarla con un nuevo puesto si la apuesta en Santiago no funcionaba.
Fuego cruzado en el oficialismo: el fantasma de la Contraloría
La confirmación del canciller encendió de inmediato las alarmas en el Congreso, provocando desmarques y críticas dentro del propio sector gobernante. Parlamentarios de Chile Vamos advirtieron que premiar a la exministra es un error político grosero, sobre todo después de que la Contraloría General de la República concluyera que Steinert se extralimitó gravemente en sus funciones al pedirle a la PDI antecedentes de una investigación penal vigente.
Las reacciones dentro de la coalición oficialista evidencian un quiebre en la estrategia:
- El diputado Diego Schalper (RN) lideró las presiones exigiendo frenar en seco el nombramiento diplomático para no pagar costos políticos innecesarios.
- El timonel de la UDI, Guillermo Ramírez, intentó bajarle el perfil al asunto señalando que, a su entender, esta designación finalmente no se concretará.
- La diputada Ximena Ossandón (RN) sugirió prudencia, apuntando que es mejor esperar a que se cierre por completo el flanco judicial en Contraloría antes de mandarla fuera de Chile.
El blindaje Republicano y la ofensiva de la oposición
Quienes no están dispuestos a dejar caer a Steinert son los militantes de Republicanos. El senador y presidente del partido, Arturo Squella, salió a blindar la figura de la exministra, asegurando que cuenta con todas las credenciales y méritos técnicos para asumir tareas de seguridad en el extranjero gracias a su experiencia en el combate al crimen organizado.
Desde la vereda del frente, la oposición afila los cuchillos y mira de reojo el reloj. La Cámara de Diputados ya instaló una Comisión Investigadora sobre la gestión de Steinert y los partidos de izquierda tienen plazo hasta el 19 de agosto para presentar una acusación constitucional en su contra, lo que podría terminar con su inhabilitación para ejercer cargos públicos.
Para legisladores de la oposición, insistir con su nombre daña la diplomacia chilena. La diputada Tatiana Urrutia (Frente Amplio) emplazó a La Moneda a cuidar el prestigio internacional de Chile en lugar de usar las embajadas como refugio político, mientras que el senador Iván Flores (DC) sentenció que Steinert ya demostró no tener las condiciones mínimas para liderar una cartera de Estado.
Con la controversia instalada y el fuego cruzado en su propio sector, en el palacio de gobierno optaron por enfriar la discusión. En el entorno del Presidente insisten en que el nombramiento de Trinidad Steinert está bajo análisis técnico y aseguran que no habrá humo blanco en el corto plazo, buscando que el temporal político amaine antes de firmar el decreto que la mandaría rumbo a Lima.




